EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DE LA EDUCACIÓN SOCIAL EN ESPAÑA

Antecedentes:

Los primeros antecedentes de la Educación Social se remontan a los criterios incorporados en las declaraciones por los derechos humanos surgidos de las Revoluciones Americana y Francesa. Ideas encarnadas en los movimientos anarquistas y socialistas que dirigieron las luchas obreras y las revueltas populares.

Intelectuales reformistas, en su papel de educadores o profesores, viajaron a Europa con la intención de contribuir pedagógicamente a la superación de la miseria interna y externa de sus ciudadanos. Buscaban el desarrollo de una mayor humanización de la sociedad, la transformación ética, cultural y política de los pueblos.

 

En 1947 surge en Francia el precedente del Educador Social, denominado Educador Especializado, se funda la Asociación Nacional de Educadores de Jóvenes Inadaptados (ANEJI) y un año después comienza a emprender acciones a nivel internacional en Europa y Norteamérica. Se pretendían paliar múltiples problemas causados por la industrialización, la segunda guerra mundial y el cierre de las casas paternales.

Alemania es otro país pionero de la Educación Social. En 1945 inauguran las primeras escuelas de Educación Especializada como respuesta a las problemáticas colectivas de la época.

 

Las etapas más conflictivas de la humanidad siempre han llevado al máximo apogeo de la acción social educativa. El progreso humano viene acompañado del aumento de la marginación y el abandono, especialmente en el caso de los infantes. Es por ello que en los últimos cuatro siglos, la Educación Social cobra especial importancia. La Europa de la postguerra, desolada, hundida en la miseria, con los valores en crisis y la delincuencia en aumento, resultó ser el espacio adecuado para el desarrollo de la profesión.

 

La diversidad de problemáticas que han llevado a la concepción de la Educación Social como tal, ha hecho que la figura profesional inherente a esta, se desarrolle en la polivalencia. El pensamiento pedagógico-social europeo, el del mundo anglosajón y el de la tradición francófona, permitieron suscribir el trabajo de acción social en parámetros educacionales, redefiniendo el discurso de control social y cuestionando las figuras representativas del mismo hasta entonces. Veamos algunas de las aportaciones de estas tres corrientes de pensamiento y acción llegadas a España a lo largo del siglo XX:

 

  • Corriente Alemana: Se trata de una línea teórico-filosófica que combina la idea de humanizar la educación en el marco de la vida comunitaria con la atención a los problemas de adaptación infantil y juvenil. Conforma el pensamiento universitario inicial sobre la pedagogía social y reivindica la relación dialéctica entre teoría y praxis.
  • Corriente Francófona: Es una práctica centrada en la resolución de problemáticas sociales concretas. Incide en el activismo pedagógico y en la democratización de la enseñanza. Sus aportes se proyectan en metodologías orientadas a actuar en grupos en situaciones marginales. Es una corriente impulsada por personas de las mismas comunidades en las que actúa.
  • Corriente Anglosajona: Es pragmática, empirista y cientifista. Sus intervenciones han sido paliativas o terapéuticas. Sus iniciativas se basan en servicios sociales y prestaciones en las que participan profesionales superiores formados en la universidad.

 

 Reconocimiento:

Los movimientos de renovación educativa, la iniciativa de colectivos y entidades sociales o el quehacer cotidiano de miles de profesionales nos permiten entender el progreso histórico de la Educación Social. Y es que se trata de una construcción histórica que elabora su propio entendimiento de la realidad gracias a los diversos actores que han intervenido en su profesionalización.

 

Gracias a la motivación por servir en la vida comunitaria y con la voluntad de agrandar los derechos humanos y las oportunidades educativas, se fueron ampliando los horizontes de la educación más allá de las aulas, desarrollando nuevos modos de educar. Desde el principio el propósito era el de abrir la educación a la comunidad, armonizar la formación de sus miembros y atender a las carencias y necesidades poblacionales, especialmente las de los niños y jóvenes, así como dar respuesta a las desigualdades, la pobreza y la exclusión.

 

La Educación Especializada surge en una etapa de cambios económicos, sociales y políticos, en los que la dimensión social de la educación cobra importancia y las comunidades deben afrontar el individualismo. Es un momento en el que se impulsan las democracias y el estado de bienestar, en el que se activa la conciencia de responsabilidad social ante los problemas de los ciudadanos.

 

El proceso de institucionalización se inició con acciones desarrolladas por agentes informales en barrios y comunidades, y con las iniciativas emprendidas por diversos colectivos. Por otro lado, fueron las administraciones locales las primeras en ocuparse de la formación de estos agentes.

 

A nivel internacional se iniciaban procesos de formación experimental de educadores especializados con el fin de que dicha educación fuese una realidad profesional. En España surgieron las primeras organizaciones y asociaciones en distintas comunidades autónomas españolas. Sus miembros, educadores, buscaban promover e intercambiar experiencias, así como fomentar el reconocimiento legal de la actividad.

Muchos de estos proyectos acabarían transformándose en colegios oficiales de educación social, los cuales perseguirían una jurisdicción social y laboral.

 

Se estaba trabajando en dos líneas paralelas y complementarias. El diseño de una formación específica y profesional y la construcción de una estructura asociativa que fomentara la conciencia del colectivo.

 

Pocas instituciones tenían claro que requerían de personal con un perfil profesional que todavía no existía. Sin embargo, sus trabajadores sentían la necesidad de formación, la cual resultó ser un factor clave para que la educación especializada pasara de ser una ocupación a una profesión.

 

En 1969 se crea el Centro de Formación de Educadores Especializados de Barcelona, el cual, años más tarde dirigiría la configuración de la figura del Educador Social.

Muchas instituciones y organizaciones participaron en la elaboración del proyecto CFEEB, siendo la Asociación de Padres de Subnormales del Hospitalet, el Instituto Genus y el Instituto de Reinserción Social, los que firmaron un contrato para su creación. Estas entidades compartían el objetivo común de formación de personal y acabaron convirtiéndose en el Consejo Directivo del centro.

El objetivo del CFEEB era el de responder a la necesidad formativa de los educadores sin limitar su acción a las personas residentes en Barcelona, asimismo pretendía prestar una formación que influyera y generase dinámicas y relaciones grupales.

 

La llegada de los ayuntamientos democráticos y de los servicios sociales de atención primaria permitió a los educadores tener experiencias de trabajo en plena calle. Dicha normalización democrática conllevó una importante demanda de educadores de manera rápida, lo cual supuso un crecimiento poco armónico de la profesión.

 

El momento social en el que todo esto se lleva a cabo se incluye dentro del tardo franquismo. Es por ello que algunas personas que hacían de educadores en aquella situación eran individuos comprometidos social y también políticamente.

El deseo de aquellos educadores era el de introducir un cambio en las instituciones establecidas o el de crear otras con estructuras originales. Sentían la necesidad de reflexionar sobre su trabajo y buscar caminos nuevos, huyendo de los discursos teóricos sin implicación práctica.

 

Los educadores que se estaban formando eran personas que ya estaban trabajando, así que su trabajo diario se convirtió en el eje central de la formación, que se desarrollaba quincenalmente en encuentros de fin de semana. Se hicieron grupos de análisis de la práctica educativa a partir de las observaciones llevadas a cabo en situaciones reales, grupos de sensibilización y otras dinámicas.

 

En paralelo se estaba desarrollando el Sector Teórico de la formación, donde se aprendía a valorar críticamente aspectos individuales y sociales, y el Sector Técnico, cuya finalidad era la de aprender técnicas útiles de diferentes niveles educativos.

 

Sobre el profesorado, pese a las dificultades iniciales para encontrar a personas que entendieran correctamente el tema, se consiguió reunir a un colectivo profesional adecuado. La participación de algunos era estrictamente de docencia formal, mientras que otros ejercían dinámicas formativas más complejas.

 

En la formación estaban presentes las ideas de participación y trabajo cooperativo, la corriente sociopedagógica, los movimientos de antipsiquiatría y la línea de la pedagogía de la libertad.

 

Aquel era un momento de renovación pedagógica y la gran mayoría de los estudiantes buscaban la renovación  social a través de la educación. Es por ello que a principios de los años setenta se dieron algunos conflictos importantes que si bien tomaron forma de conflicto laboral, escondían el choque entre planteamientos pedagógicos renovados y prácticas asilares de institución.

 

Los ámbitos en donde más se vieron los efectos de la formación fueron el de los disminuidos psíquicos, la salud mental y el de las personas con dificultades sociales.

 

Profesionalización:

El trabajo interno de los implicados, fruto de la Educación Especializada, la Animación Sociocultural y la Educación de Adultos, culmina con el reconocimiento universitario de la Educación Social y con la aparición de los Colegios Profesionales.

 

El Ministerio de Educación y Ciencia incorporó la titulación de Educación Social en 1991, y en 1996 se graduó la primera promoción de diplomados. Ese mismo año apareció el primer colegio oficial de Educadores Sociales en Cataluña, y en los siguientes años se fueron desarrollando más colegios en otras comunidades autónomas. En el año 2000 se crea la Asociación Estatal de Educadores Sociales, unificando todos los colegios y organizaciones a nivel nacional para trabajar conjuntamente en la construcción de la profesión y su representación en el estado y ante organismos internacionales de Educación Social. En 2002 se elabora un código ético y deontológico por parte de ASEDES con el fin de guiar las actuaciones de los profesionales, flexible y abierto a recibir aportaciones por parte de las comisiones, colegios y asociaciones que lo pongan en funcionamiento. La creación de una sociedad científica (SIPS) ha permitido dar continuidad a los logros más estimables de la Pedagogía y la Educación Social.

 

En dicha profesionalización debemos tener en cuenta que no solo participan los Profesionales o la Universidad, sino que el Estado, con sus políticas y servicios sociales y el Mercado, que ofrece ocupación, son actores con una importante presencia y responsabilidad en dicho campo. Asimismo, ninguno de los actores expuestos tendría razón de ser sin los Usuarios a los que se atiende.

 

Las funciones de la Educación Social han evolucionado con el fin de construir una identidad profesional adecuada al momento actual. La demanda de prestaciones sociales y educativas son cada vez mayores a causa de un mercado laboral flexible y serios problemas de pobreza, marginación y exclusión social. La Educación Social promueve una sociedad que eduque y una educación que socialice e integre.

 

Las situaciones de crisis que experimentan nuestras sociedades, generan entornos adversos, paradójicamente propicios para el desarrollo de la Pedagogía y Educación Sociales. La primera como ciencia teórico-práctica de los fenómenos socioeducativos y la segunda como práctica profesional que se compromete y actúa en y con ellos.

Ambas profesiones están integradas por dos colectivos que forman parte de un campo único. Los teóricos y los prácticos de la educación social se nutren recíprocamente de lo que nace en la teoría y de lo que emerge de la práctica. La primera sin la segunda se torna especulación vacía e inútil, mientras que la segunda sin la primera se convierte en acción cerrada, rutinaria y carente de vida. Es por ello que ambas profesiones se necesitan para crecer e innovar en el conocimiento teórico y práctico a la vez que para mejorar sus acciones.

 

La relación entre la academia y la profesión intenta ser cordial y colaborativa, sin embargo, ambas han seguido caminos divergentes y han experimentado momentos difíciles, es por ello que actualmente resulta necesario tender puentes entre la Universidad y los Profesionales de la Educación Social.

 

La formación universitaria podría haberse construido con una participación más activa de los colectivos profesionales. Sin embargo se generaron planes de estudio que adolecían de perspectivas prácticas y concretas, así como de materias sólidas, y recargaron de formatos excesivamente formalistas. Esto demostró que la aprobación del título no era suficiente para el reconocimiento profesional y la consecuente socialización de la profesión. De todas formas, si se hubiera pensado en un reconocimiento social que integrara los elementos de buenas prácticas, formación y remuneración adecuada sin pisar la universidad, se habría cometido una ingenuidad.

 

La futura aproximación del colectivo profesional dará unos resultados diferentes de los que hubiera dado si se hubiera hecho desde el comienzo. Será diferente por la gran cantidad de profesionales actuales surgidos a partir de la diplomatura universitaria que no han sido enriquecidos por la trayectoria que los profesionales habían generado, añadida a las aportaciones conceptuales de la elaboración universitaria.

Esta es una pérdida importante que se recuperará con el tiempo, cuando los profesionales se enfrenten con la realidad educativa y necesiten que las reflexiones para vencer estas dificultades sean enriquecidas por los análisis conceptuales que se pueden hacer desde la universidad.

 

La formación se haya ligada a la progresiva institucionalización de la profesión. Los primeros años, las universidades no disponían de suficiente profesorado formado en Educación Social. Eso generó un trasvase de personas que accedieron del mundo profesional al universitario. Este es un fenómeno que se sigue produciendo en la actualidad.

 

Los procesos de normalización de la profesión han conseguido que se haya pasado de un nicho de ocupación, prácticamente copado por las administraciones públicas a una situación de relativo equilibrio entre aquellas y el tercer sector. Sin embargo, aún quedan por explorar y desarrollar las posibilidades que puede brindar el sector empresarial, junto con el autoempleo y el emprendimiento. Esta podría ser una línea de futuro a explorar conjuntamente por académicos y profesionales, tanto en la formación como en la investigación.

 

Lo que se ha ganado en el proceso de profesionalización no se puede valorar en términos absolutos pero puede decirse que ha permitido que el colectivo de educadores sea extenso y tenga una estructura representativa. La extensión se ha producido por la creación de puestos de trabajo para educadores y por la salida anual de promociones de la universidad. La representatividad, en cambio, pide la participación activa de los educadores en su organización corporativa, considerando los riesgos de tipo social y profesional que ésta comporta, para que esté presente en la consecución de buenas prácticas, una formación y remuneración adecuadas, de acuerdo con las dificultades que el trabajo exige.

 

Al margen de la visión de la marginalidad existen otros enfoques con los que la profesión actúa, como la correcta socialización, la intervención educativa cerca de la inadaptación social, la formación social y política del individuo y la perspectiva educativa y no meramente asistencial del Educador Social.

 

A partir de ahora se ha de trabajar para consolidar la presencia de la Educación Social y desarrollar su gran potencial delante de las nuevas necesidades sociales.

 

BIBLIOGRAFIA:

ASEDES (2002). Documentos Profesionalizadores de la Educación Social. CGCEES.

Habib, M. (2013). “Aproximación histórica a una de las profesiones sociales: la Educación Social”. A Revista Educación Social (RES), N. 17.

Ortega, J.; Caride, J.A.; Úcar, X. (2013). “La Pedagogía Social en la formación – profesionalización de los educadores y las educadoras sociales, o de cuando el pasado construye futuros”. A Revista Educación Social (RES). N. 17

Moyano S. Mangas. (2018) Educación Social. UOC

Saez J. Carreras. (2018). La reorganización conceptual del campo de conocimiento. UOC.

Vilar J. Martin. (2018). Comenzando una nueva etapa. UOC.

Vilar, J.; Planella, J. (2011). Fundamentos históricos de la educación social: una entrevista a Toni Julià. RES (revista de educación social) n. 12. EDUSO.

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