EL PERDÓN

A TRAVÉS DE LA MIRADA DE UN CURSO DE MILAGROS

Generalmente suponemos que nuestros ojos ven el mundo, que nuestro cuerpo lo siente y que nuestro cerebro lo interpreta. Sin embargo, Un Curso de Milagros nos dice que la mente lo proyecta todo, observa su propia proyección desde otro punto de vista distinto y aparentemente separado e interpreta esa percepción como un hecho externo. También expresa que el cuerpo es una idea que solo existe en la mente como un medio para experimentar la separación.

 

Los seres humanos tendemos a culparnos los unos a los otros por nuestra suerte en la vida, lo cual es otra forma de decir que proyectamos la culpa en otros por la aparente separación de la Divinidad, la cual sentimos como una pérdida de paz permanente en nuestra existencia. Siempre podemos encontrar la causa de nuestra insatisfacción en otra persona o cosa. Otros se torturan a sí mismos por sus circunstancias desfavorables proyectando la culpabilidad hacia el interior, lo cual no difiere de culpar a otro cuerpo.

 

No somos cuerpos, pues somos libres. Sin embargo, solemos identificarnos con el ego, el cual tiene en gran estima al cuerpo, pues es la morada que él mismo ha construido y sin la cual no podría vivir. Esta ilusión oculta el hecho de que el ego es algo ilusorio.

 

El Curso enseña que nuestra única responsabilidad es la de aceptar nuestra propia expiación y que siempre que condenamos a otro, dicho proceso de salvación se detiene. Es por eso que debemos entender el sueño para comprender el verdadero significado del perdón, y aprender a perdonar para retornar a nuestro hogar. Pues cuando perdonamos a los demás, realmente somos nosotros mismos quienes estamos siendo perdonados.

 

Si bien el perdón es una actitud, la mayoría de las personas requerimos de procesos mentales de perdón con el fin de llevar a cabo el acto de perdonar. Con el tiempo, dichos pensamientos basados en la mente recta acaban por dominar nuestra mente. Estas ideas no serán necesariamente lineales, pues para cada persona hay pensamientos que funcionan mejor que para otras. Es importante hacer uso de aquellas ideas que nos resultan particularmente útiles para instaurar una sólida actitud de perdón. Esto nos libera tanto a nosotros mismos como a las imágenes que percibimos de la prisión en la que parecemos estar.

 

En relación a la gente que no aparenta temer nada cuando comete actos horrendos, como aquellos asesinos fríos y metódicos, que no muestran ningún miedo, y que incluso sonríen tras dichas acciones. Debemos tener en cuenta que hay una gran diferencia entre esa falta de miedo y lo que estamos aprendiendo. La mente no puede evitar estar dirigida por el sistema de pensamiento al que sigue. El sistema de pensamiento del Espíritu Santo está guiado por el amor, mientras que al sistema de pensamiento del ego le guía el miedo y el odio, y siempre producirá algún tipo de destrucción. Dichos asesinos pueden parecer intrépidos, pero simplemente han negado su miedo psicótico y lo han proyectado hacia el exterior. La apariencia de paz no siempre es verdadera paz interna. La gente del mundo nunca vivirá en paz hasta que sienta paz interna, la cual es el resultado inevitable del verdadero perdón.

 

El engañoso sistema de pensamiento del ego siempre conducirá a alguna forma de violencia porque exige que la gente vea al enemigo o la causa del problema fuera de sí. Si bien es cierto que la violencia escenifica el odio hacia uno mismo proyectado fuera de nosotros y que el Espíritu Santo solo enseña amor y perdón, eso no significa que siempre vayamos a tener un comportamiento intachable. El Curso nos habla del perfecto perdón como camino hacia la verdadera paz y no de una conducta perfecta, pues la misma está sujeta a un juicio de valor. El juicio se utiliza para justificar nuestra incapacidad para perdonar. Este siempre acaba produciendo algún tipo de efecto negativo al nivel de la forma, incluso si el efecto se limita a nuestra propia salud.

 

Para liberar nuestro miedo y así dejar de proyectarlo, debemos invertir la manera de pensar del ego. Es decir, reconocer que no hay nadie ahí fuera a quien culpar de nuestro único problema real, el cual es la creencia en la separación de la Divinidad, pues los demás solo son símbolos de dicha idea. La solución se encuentra en la Expiación, la liberación de todo juicio a través del perdón; este es el camino de vuelta a casa.

 

Cuando nos encontramos con una oportunidad para practicar el perdón, es importante recordar que estamos soñando. Somos autores de un sueño en el que hemos diseñado unos personajes y proyectado en sus acciones nuestra culpa inconsciente, con el fin de poder verla en el exterior. A este reconocimiento, el Curso lo llama milagro, pues deshace el miedo, nos convierte en responsables y nos libera del victimismo, lo que vemos es perdonado y deja de tener ningún impacto sobre nosotros.

 

Tengamos claro que en el mundo de la forma hay otras mentes que se experimentan separadas y que también se encuentran en el proceso de vuelta a la unidad de la mente. Sin embargo, esencialmente todo lo que vemos y experimentamos es nuestra proyección, de la que comenzamos a responsabilizarnos. Siendo esto así, nos convertimos en la causa y las imágenes proyectadas pasan a ser el efecto. UCDM nos alienta a perdonar tanto dichas imágenes como a nosotros mismos por haberlas soñado.

 

Cuando entendemos la visión anterior, comprendemos también que si perdonamos a nuestros hermanos es porque en realidad no han hecho nada y son completamente inocentes. De esta manera no hacemos real el error, y así llevamos nuestras ilusiones ante la verdad. A medida que vamos perdonando, nuestra mente se va haciendo consciente de que nosotros mismos somos quienes estamos siendo perdonados.

 

El Curso nos dice que no nos unamos a los sueños de nuestro hermano, sino a él, y es que si reaccionamos a través del juicio del ego, otorgando realidad a los sueños de los demás, en los que ellos también se experimentan como egos, eso pensaremos que somos, pues no hay nadie ahí fuera. También expresa que al perdonar al soñador y percibir que él no es el sueño, el cual él mismo fabricó, dejamos de compartir dicha pesadilla, permitiendo así mismo que ambos seamos liberados.

 

La práctica del perdón nos lleva a despertar del sueño de forma gradual. Nuestras resistencias a la verdad no harían de un despertar total y repentino algo agradable. Nos vamos adaptando a ello y comprendiendo la libertad con la ayuda del tiempo.

 

Nuestro único trabajo es perdonar. No debemos esperar a que todo el mundo esté de acuerdo con nosotros para hacerlo, ni tampoco mendigar que otras mentes aparentemente separadas también nos perdonen.

 

En otro párrafo, el curso nos propone que en el momento en que nos sintamos tentados de acusar a alguien de algún pecado, recordemos que la llamada de otro pidiendo amor es nuestra propia llamada. Es por ello que deberíamos sentirnos agradecidos con los demás, pues nos necesitamos mutuamente.

 

Las imágenes de nuestros hermanos son símbolos de lo que se halla en nuestro inconsciente, sin los cuales, la culpa no consciente permanecería oculta por siempre y no tendríamos manera de liberarnos de ella.

 

El Espíritu Santo toma lo que el ego fabrica para protegerse y lo utiliza para deshacerlo. Perdonar al mundo es decirle que no tiene ningún poder sobre nosotros, por lo que si no nos puede producir efecto alguno, en realidad, no existe por separado. Reconocer que no puede haber ningún tipo de separación nos lleva a confiar en el Espíritu Santo y a elegir su fuerza.

 

A través del perdón nos es dada la paz del Espíritu Santo, sanándose así la mente inconsciente. Esta paz no siempre llega de inmediato, sin embargo, en ocasiones nos sorprenderá en forma de algún suceso que normalmente nos disgustaría y esta vez no lo hace.

 

Perdonar nos prepara para entrar en el llamado Reino de los Cielos, siendo intercambiada la percepción por el conocimiento, el cual no debe entenderse como algo técnico, sino como la experiencia del Cielo.

 

No importa si parece que  hay personas que no aceptan nuestro perdón, el Espíritu Santo lo mantendrá en sus mentes hasta que estén preparados para aceptarlo, incluso más allá de la muerte del cuerpo. El Curso nos enseña que la brecha que separa nuestros cuerpos es irrelevante, pues lo que está unido en la divinidad siempre es uno.

 

El acto de perdón se lleva a cabo recordando que estamos soñando, perdonando las imágenes proyectadas, así como a nosotros mismos por soñarlas, y confiando en el Espíritu Santo, pues su perdón es la fuerza que pone solución a nuestro sueño de separación. Por lo tanto, primero identificamos la causa del problema, después la soltamos y por último permitimos que esta sea remplazada. Los primeros dos pasos requieren de nuestra cooperación, sin embargo, el último es responsabilidad del Espíritu Santo y nuestra única función es la de confiar.

 

Debemos tener claro que en última instancia somos el mismo Espíritu Santo. La Santísima Trinidad solo es una herramienta teológica para comprender dichas ideas. En el cielo no hay diferencias, solo existe un perpetuo bienestar indescriptible, que podemos llegar a vislumbrar en este mismo ciclo de vida.

 

Debemos estar dispuestos a perdonarlo todo por igual, tanto lo que consideramos pequeño como lo que aparenta ser grande. No hay niveles para los milagros, así pues, llegaremos a comprender la igualdad, tanto de lo que nos parece importante como de lo que creemos insignificante.

 

El perdón no exige renunciar a nada en el nivel de la forma, solo requiere del reconocimiento de que todos nuestros sueños y pasiones son falsos ídolos, sustitutos de la Divinidad. Sin embargo, una vez comprendido y perdonado esto, podemos divertirnos con aquello que elijamos hacer junto con el Espíritu Santo.

 

Debemos mirar a nuestros hermanos reconociendo que la culpa que pensábamos que se encontraba en ellos, en realidad está en nosotros, pues solo hay uno, y todo lo que vemos son figuras que hemos creado en nuestro sueño. Así que para perdonarme a mí mismo debo perdonarles a ellos, pues son símbolos de mi mente inconsciente. De esta manera, mi mente empieza a darse cuenta de su verdadera inocencia y a medida que esta visión aumenta, el conflicto se va reduciendo.

 

En ocasiones parece que estamos perdonando las mismas imágenes constantemente, sin embargo lo que está sucediendo es la liberación y el perdón de más culpabilidad soterrada.

 

También puede parecer que existen muchos sistemas de pensamiento, sin embargo solo existen dos, el del Espíritu Santo y el del ego. Si hago mi trabajo de perdón, y perdono todo lo que se presente ante mí, sin excepciones, estaré eligiendo el sistema de pensamiento del Espíritu Santo.

 

El curso nos dice que buscar la luz es sinónimo de taparnos los ojos, pues esta se encuentra en nosotros. Ya estamos en el Cielo, nunca salimos de allí, pero nuestra mente no es consciente de ello.

 

Hay trabajo que hacer junto con el Espíritu Santo para llevar a mi mente al estado que me permita despertar del sueño y reconocer quien soy y donde estoy realmente. Las múltiples reencarnaciones solo son un gran viaje mental, el trabajo consiste en experimentar esa verdad.

 

Hablar del perdón o rezarle a Dios, no significa nada. Todo consiste en renunciar a los sueños a través de un profundo deseo de la Paz de Dios.

 

Liberarse del mundo psicótico implica practicar el perdón con cualquier cosa que surja ante mí en cualquier momento. Incluso los recuerdos son imágenes tan reales como cualquier otra; debo perdonarlos, y así ser libre y salvar al mundo. Para ello, solo he de concentrarme en mis propias lecciones de perdón, y no inmiscuirme en las de los demás.

 

El Curso insiste en que solo el cuerpo puede ser agredido e incluso destruido, sin embargo, puesto que la destrucción es imposible, cualquier cosa que pueda ser destruida carece de realidad. Por lo tanto, tratar de justificar la ira como causa de la destrucción es aceptar premisas falsas y estar viéndome a mí mismo de forma demente.

 

Si la gente no parece expresar amor es porque está pidiéndolo. Cuando la astucia del ego me lleve a reaccionar ante la gente de forma enjuiciadora, he de recordar que ellos están en mí y que todos somos Cristo.

 

La mayoría de las cosas que me resultan molestas me ocurren de forma repentina, y es que el ego disfruta de las sorpresas desagradables. Puedo reconocer como surge la culpa oculta en mi mente inconsciente gracias a cualquier tipo de molestia, y puedo permitir su liberación perdonando el símbolo que asocio a ella, pues la culpa no está fuera de mí.

 

La culpa solo puede ser reprimida y proyectada o perdonada correctamente; estas son las únicas opciones disponibles. La incomodidad y la ira son señales de advertencia de su presencia. El ego puede ser liberado dejando de reaccionar y comenzando a perdonar.

 

Si bien podemos experimentar el éxito en el mundo, el curso nos insta a reconocerlo como ilusión, pues en el planeta psicótico, a la larga siempre se acaba perdiendo. Sin embargo, la pérdida no es posible cuando nuestro éxito radica en Dios.

 

El universo y todo lo que contiene es una proyección mía a otro nivel, por ello me involucro en dicha proyección. Reconociendo lo anterior, puedo entender que yo elijo mis sueños, los cuales representan mis deseos e ídolos, por lo que tienen el poder que yo les adjudico. Estos sueños tienen lugar en la mente dormida, y dichas imágenes no pueden ser reales.

 

Perdonar es el único propósito que le debo dar al tiempo, el cual, en el fondo ya ha terminado. Al ocuparme de invertir el pensamiento del mundo, puedo seguir cuidando de mi vida como individuo, sin embargo, esta y todo lo que contiene será reconocido como un sueño al que perdonar de manera simultánea. Este descubrimiento de la verdad entraña diversión, y así las preocupaciones mundanas pierden todo el peso.

 

El Curso enseña que no existe jerarquía entre ilusiones. Por lo tanto, en los milagros, que no son otra cosa que un cambio de percepción hacia la visión del Espíritu Santo, tampoco hay niveles de importancia o dificultad.

 

Debo perdonarlo todo por igual, pues me hallo inmerso en un sueño del que nada ni nadie es culpable. No hay diferencias entre un resfriado y un puñetazo, ni entre un insulto y la muerte de un ser querido. No debo tratar de ser amoroso, al perdonar el amor se revela naturalmente, pues esa es mi esencia. Aunque reciba un insulto y me duela, si estoy dispuesto a perdonar, dicho dolor dura mucho menos.

 

Cuando reconozco que mi experiencia es un sueño, sé que la injusticia no puede existir. Yo he inventado el mundo de la individualidad y de la proyección de la culpa. Cuando entiendo que no hay un afuera, puedo concederle el perdón y la inocencia al mundo.

 

Los milagros siempre producen algún impacto, nunca se pierden, puedo no ser consciente del efecto pero pueden afectar a muchas personas y producir grandes cambios. Estos no solo afectan a esta dimensión y a este tiempo, sino que se relacionan con otros lugares y tiempos, vidas pasadas y futuras.

 

Cuanto más practique el perdón, mayor habilidad adquiriré y más fácil me resultará, así que no debo rendirme. No tengo por qué esperar para experimentar la verdadera paz, puedo unirme al Espíritu Santo y hacer uso de la mente recta ahora.

 

Si bien puedo elegir el Instante Santo y experimentar dicha paz en numerosas ocasiones, el Último Instante Sagrado de Iluminación, es un proceso que exige tiempo y dedicación. La vía dura toda la vida. Las recompensas son abundantes y surgen a lo largo del camino de forma inesperada, pero el proceso no es fácil.

 

El Curso nos habla de aprender a dejar de lado todo juicio y de preguntarse en cualquier situación qué es lo que se quiere. Tras ello se alcanza un estado de verdadera paz que el Curso llama “Periodo de Realización”.

 

El juicio que otros emiten de mí es mi propio juicio sobre mí mismo. Allí afuera no hay nadie. Al perdonar estoy perdonando mi propia mente. Cualquier petición de amor es mi petición de amor.

 

Cuando comprenda estas enseñanzas, las mismas se convertirán en una parte permanente de mí. Y si estos pensamientos permanecen en mi mente, serán la muestra de que el Espíritu Santo estará tomando el control.

 

El milagro, que surge de un estado mental milagroso, se produce cuando perdono en sentido cuántico y soy capaz de ver a mis hermanos tan inocentes como a mí mismo. La Relación Santa es la unión en Cristo con mis hermanos en lugar de elegir una relación basada en la separación del ego.

 

Es necesario que me mantenga alerta para que  pueda actuar en base a las enseñanzas del Curso cuando sea sorprendido por el ego.

 

Aunque debo recordar dichas ideas constantemente para que se vuelvan dominantes, la vida me pedirá improvisar. Por lo que puedo no acordarme de hacer una petición al Espíritu Santo o que simplemente no me dé tiempo, por ello debo confiar igualmente en su trabajo, el cual es perfecto. Y de todas formas, si me olvido de lo aprendido, el ego me traerá nuevas oportunidades para recordar.

 

NENÚFARES Y PUENTE JAPONÉS (Claude Monet)

 

* Este artículo es un resumen personalizado de algunos extractos de UN CURSO DE MILAGROS y del Capítulo LA LEY DEL PERDÓN, del libro LA DESAPARICIÓN DEL UNIVERSO de Gary R. Renard.

 

Edgar Zamora Malagón

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