CUENTOS POPULARES Y PARÁBOLAS PARA LA PAZ

EL GATO ATADO AL POSTE:

 

Hace mucho tiempo, en un famoso poblado de la antigüedad, cierto gurú solía reunir a sus discípulos todas las mañanas en un espacio al aire libre para meditar. Un gato, que también pertenecía a la comunidad, solía pasearse por la zona en plena práctica, para gran distracción de los meditadores. Así que el maestro pidió que cada mañana antes de la meditación se atara el gato a un poste para que no perturbara a los practicantes. Pasó el tiempo y tanto el gato como el gurú fallecieron. La comunidad, mientras tanto, seguía con sus prácticas de meditación; sin embargo, los miembros mayores de la comunidad recordaban que el venerado maestro había pedido que antes de la meditación se atase un gato al poste. Es por ello que los miembros de la Sangha querían encontrar un gato para atarlo, de manera que las instrucciones del gurú pudiesen continuar. Obviamente, la forma se tragó al contenido práctico del propósito original que tuvo el maestro espiritual.

GATO TATUADO (Kazuaki Horitomo)

 

EL PESCADOR AHOGADO:

 

Había una vez un hombre muy devoto que creía ciegamente en Dios. Este era un pescador que salía a pescar incluso en los días de tormenta, ya que su fe le decía que no debía temer, puesto que Dios siempre estaría ahí para ayudarlo en cualquier circunstancia. Un día de tormenta su barco naufragó y poco a poco se empezó a hundir. Al ver que su barco se hundía, el hombre, rogando desesperadamente le pidió ayuda a Dios, sin embargo, por más que se esforzaba no le veía. En un primer instante, pasó una lancha cerca de él y una persona le lanzó un salvavidas gritándole que se cogiera al mismo para que pudiera salvarle. Sin embargo, el hombre contestó “No, no necesito de tu ayuda, Dios me salvará” y la lancha se alejó perdiéndose de vista. Poco a poco su barco se iba hundiendo más, y el hombre seguía pidiendo con desespero la ayuda de Dios. De repente divisó una luz cercana, se trataba de un enorme barco de la marina. Estos le aventaron una escalera de cuerda y le dijeron que se sujetara bien a la misma para  que pudiera ser salvado. El pescador, nuevamente contestó “No, no necesito vuestra ayuda, Dios me salvará”. Ellos insistieron pero, como la tormenta arreciaba, se alejaron. Del barco del pescador, solamente quedaba sobre el agua el mástil. El hombre, agarrado a él, clamaba en sus últimos alientos por la ayuda de Dios. En su desesperación, alcanzó a ver otra luz en el cielo; se trataba de un helicóptero de salvación. Desde este le lanzaron una cuerda y le gritaron que se agarrara bien para que le pudieran salvar. Sin embargo, el hombre volvió a responder “No, no necesito de su ayuda, Dios me salvará. El helicóptero se alejó, dejando al hombre en su soledad y desesperación, el cual murió ahogado.  Este caminó hacia el cielo para encontrarse con Dios. Lo primero que hizo al encontrarse con él fue reclamarle “Señor, ¿qué me hiciste? Toda una vida de obediencia, de fe y de entrega, siempre te respeté, me aparté del mal, me arrepentí de mis pecados y así es como me lo pagas… ¿por qué no me salvaste? Te rogué, te supliqué que me sacaras de aquella situación y ahora mírame, estoy muerto, necesito una explicación”. Dios le respondió, “Yo nunca abandono a mis hijos, ¿recuerdas la lancha que te lanzó un salvavidas?, ese era yo ayudándote, ¿recuerdas el barco que te lanzó una escalera?, ese también era yo, ¿recuerdas el helicóptero que te lanzó una cuerda y te pidió que te agarraras fuertemente? Ese era yo ayudándote. Te di tres oportunidades y tú decidiste no tomar ninguna, yo siempre estuve cerca de ti para ayudarte, pero estaba en ti reconocer las oportunidades y aprovecharlas. Contra tu decisión y confusión, yo nada puedo hacer. El hombre, avergonzado, pidió perdón y dijo “Tus respuestas y tu ayuda no siempre se manifiestan como uno se lo imagina, pero siempre están ahí”.

UN NAUFRAGIO EN LAS COSTAS DE ASTURIAS (Monleón y Torres, Rafael)

 

EL HIJO PRÓDIGO:

 

Había una vez un hombre rico y bueno que tenía dos hijos, el mayor era trabajador y obediente, mientras que el menor todo lo contrario, vago e irresponsable. El menor pidió a su padre su herencia, éste se la dio y el hijo se marchó a viajar por el mundo. Gastó el dinero muy pronto en diversión, drogas, bebida y prostitutas. Cuando no le quedó nada, la comida comenzó a faltarle, como nunca quiso estudiar, solo pudo optar por un trabajo de cuidador de cerdos, el salario era mínimo y siempre estaba hambriento. En el colmo de la pena, se acordó de aquellas cenas que su padre servía a sus siervos. Avergonzado, volvió a casa, y le dijo a su padre, “No merezco ser tu hijo. Trátame como a un esclavo a cambio de algo para comer.” El padre lo hizo callar, lo vistió con un vestido de la mejor calidad y lo colmó de joyas, mató su mejor ternero e hizo una fiesta de celebración y bienvenida,  la cual estaba llena de manjares y de buena música. Cuando el hermano mayor, que regresaba de trabajar arduamente en el campo, vio que todo el mundo danzaba,  se enfadó porque el padre había perdonado al pequeño y estaba alegre porque su hijo había regresado sano y salvo. Así que no quería entrar en el hogar. El padre salió y le rogó que entrase, pero él, respondiendo a su padre dijo: “Hace tantos años que te sirvo, no he desobedecido jamás tu mandamiento, y nunca me has dado ni un cabrito para alegrarme con mis amigos, pero cuando éste, tu hijo menor, el cual ha consumido tus bienes con rameras, ha vuelto, has hecho matar para él el mejor ternero”.  El padre entonces respondió “Hijo, tu siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas, pero era menester hacer fiesta y regocijarnos, porque tu hermano estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido hallado”.

EL RETORNO DEL HIJO PRÓDIGO (Rembrandt)

 

LA VACA:

 

Érase una vez un maestro espiritual que junto con su discípulo, salió del monasterio de madrugada a predicar y a pedir limosna, y así pasaron el día. Al caer la noche, se encontraban en una aldea, en la que pidieron alojamiento en la casa más pobre y arruinada que se pueda imaginar. El discípulo pensaba que su maestro se había vuelto loco. Pero para su sorpresa, la familia, que les había acogido con los brazos abiertos, tenía una vaca y pudieron ofrecerles un tazón de leche. Esa vaca vivía en la mejor habitación, y era cuidada a cuerpo de rey. Toda la familia, con lo pobre que era, estaba muy pendiente de la vaca, pues todos tenían muy claro que sin ella no podrían subsistir. Esa misma noche, antes de que saliera el sol y cuando todo el mundo estaba durmiendo, el maestro despertó al discípulo, le entregó un cuchillo, y le pidió que fuera donde estaba la vaca y que la degollara. El discípulo volvió a pensar que su maestro se había vuelto completamente loco, pero como había hecho voto de obediencia no dijo nada, siguió sus instrucciones y mató a la vaca. Ambos se marcharon de madrugada, pues ya se habían despedido de la familia la noche anterior. Siguieron con su larga predicación,  pasaron un par de años, ya habían vuelto al monasterio, cuando un día cualquiera el maestro le pidió al discípulo que volviera al hogar donde había matado a la vaca, que le dijera a la familia que se encontraba predicando y les pidiera alojamiento por una noche. También le rogó que tras ello volviera al monasterio y le contara lo que había visto. El discípulo con dudas sobre si la familia aun existiría y la casa seguiría en pie, pues sin la vaca parecía que aquel hogar se iba a hundir y se iban a morir todos de hambre,  se puso en camino. Cuando el discípulo llegó al lugar donde estaba la casa, se encontró con una mansión, rodeada de campos cultivados y de animales de granja, con coches de caballos en la puerta y paredes de mármol. El discípulo dudaba de que aquello perteneciera a la misma familia que conoció años atrás. Llamó a la puerta, se identificó, y efectivamente se trataba de la misma familia; todos se pusieron muy contentos al verle.  Le explicaron que se habían acordado mucho de él y de su maestro, y que justo en la noche en que ellos estuvieron ahí, alguien les mató la vaca. El discípulo preguntó: “Si vosotros dependíais de aquella vaca ¿cómo habéis logrado todo esto?” Entonces el cabeza de familia le respondió: “Como bien dices, nosotros dependíamos de aquella vaca, y no queríamos soltarla bajo ningún concepto, pero cuando la vaca murió, evidentemente tuvimos que dejarla ir. Entonces nos reunimos y nos preguntamos qué hacer, nos dimos cuenta que lamentarnos o buscar culpables no nos daría de comer, por lo que comenzamos a organizarnos y a tener nuevas ideas. Uno de mis hijos se fue a trabajar a unas tierras cercanas, y otro trabajó a cambio de unas semillas, mi hija y mi mujer cosieron y lavaron ropa para otras familias, de esta manera pudimos sembrar un campo y comprar una gallina. Así comenzó nuestra prosperidad,  toda la familia colaboró y pudimos salir adelante, pasando de la escasez a la abundancia”.

LA VACA AMARILLA (Franz Marc)

 

* Cuentos y parábolas populares y anónimas escuchados y/o leídos de diferentes autores. Transcritos en un lenguaje personalizado. 

 

Edgar Zamora Malagón

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