6. ACEPTACIÓN

Me libero del sufrimiento cuando acepto las cosas como son. No como creo que son según los límites perceptivos y tergiversaciones de mi mente. Sino tal como se expresa la experiencia que vivo sin aferrarme a juicio alguno sobre la misma.

 

He finalizado un empleo, y curiosamente, como me acostumbra a suceder, un par de días antes de terminar me llamaron de otro trabajo. Tengo una hija maravillosa, para mi persona no cabe la posibilidad de dejar de tener un sueldo, y  como no es concebible, no forma parte de mi realidad.

 

Ahora bien, la oferta que he recibido es para un trabajo que no me gusta, un empleo que dejé a voluntad tiempo atrás, después de rezar por algo acorde a mi vocación, al menos según mis creencias en aquel momento, lo cual surgió; tras llorar, sufrir y luchar en vano.

 

El salario es considerablemente alto, el horario muy atractivo, y el puesto no requiere esfuerzo físico. Tampoco hay nadie que me siga, vigilándome y dándome órdenes. Cualquiera de mis compañeros se cambiaría por mí, sinceramente. Pero no lo amo; más bien lo detesto, no me gusta el sector, ni el entorno, ni mis labores prácticas, no soporto el ambiente laboral, la descohesión, el bullicio de odio y malestar, la desconfianza, las críticas mutuas diarias… Me duele saber que las sonrisas y las palabras bonitas surgieron cuando se enteraron de que por contrato me encuentro por encima en la estúpida jerarquía empresarial.

 

­—Preferiría ser peón —Le dije a mi mujer con el corazón en la mano— Quizás así podríamos reconocernos los unos a los otros en el Espíritu.

 

Esta vez he mandado 150 currículums, la vida sabe perfectamente el sueldo mínimo que estoy dispuesto a aceptar, y desde hace ya mucho tiempo solo me trae cosas por encima de ese límite.

 

Sé que hay un trabajo en el mundo, o más bien cientos de miles de millones de empleos acordes a mi inspiración, esperando a que me libere de las ataduras al sacrificio y de las concepciones tergiversadas de la realidad a las que me aferro, para venir a mí. Pues las barreras me las pongo yo.

 

Es por ello que voy a respirar profundo, sabiendo que soy merecedor de todo lo bueno, y que juzgar la realidad basándome en mis miedos y pesares, no hace sino perpetrar esa locura vivencial.

 

Estoy exactamente donde debo estar en este momento del sueño; un sueño que puede ser feliz. Mis creencias enfermas, proyectadas en el mundo que veo y que temo, son en el fondo, la clave para llegar a conocerme plenamente. Siendo esto así, teniendo muy claro lo que deseo vivir y lo que no deseo, y sabiéndome creador, amor creador, me entrego a la aceptación.

 

VERTRAUEN (Catrin Welz-Stein)

Edgar Zamora Malagón