CATALOGACIÓN DE GRUPOS Y EXCLUSIÓN SOCIAL

El análisis de los grupos de personas catalogadas según su origen cultural, en muchas ocasiones lleva a la estigmatización y marginación de aquellos que quedan fuera de la cultura dominante.  A través de este enfoque se construyen diferencias en base a rasgos de conducta que acaban por convertirse en motivos de segregación social que imposibilitan la convivencia. Casualmente, aquellos partidarios de la diferenciación cultural suelen hacer coincidir las fronteras relativas a hábitos y costumbres con una pigmentación de la piel diferente.

 

Este particularismo cultural termina estancando la realidad de las víctimas de la exclusión y apagando la llama de la comunicación y el entendimiento interculturales.

 

Dicha exclusión no tendría lugar sin una construcción de la identidad que señala un nosotros y consecuentemente un ellos. Pues esto es lo que hace que a determinados grupos se les niegue la pertenencia, y que independientemente de que a nivel legal se incluyan en el sistema social, acaben constituyendo el antimodelo de aquellos que han establecido la distancia.

 

A los grupos periféricos, si bien se les permite contribuir al bienestar general a través de su empleo y participación en otros sectores de la vida, no se les reconoce prestigio alguno ni poder legítimo, de manera que se les invalida a la hora de actuar, decidir o evaluar por sí mismos.

 

Actualmente es muy necesario que nos descentremos de nosotros mismos, puesto que la sociedad moderna es la que crea mayores construcciones categóricas que no solo fomentan la discriminación y la exclusión social, sino que además dispone de medios para convencer de su lógica y materializar dichas ideas.

MANIFESTACIÓN (Antonio Berni)

 

Edgar Zamora Malagón

(Respuesta adaptada sobre una de las cuestiones pertenecientes a las Pruebas de Evaluación Continua de la asignatura “Educación Intercultural” de la UOC) 

EL PROCESO DE AYUDA INTERCULTURAL

El proceso de ayuda intercultural se fundamenta en el respeto a la persona, incluyendo su visión del mundo, su sistema de valores y necesidades. Para ello se requiere de una escucha comprensiva, basada en la aceptación y la transmisión de confianza en la relación. En esta acción no se intenta imponer modelo social alguno, más bien se le permite a la persona definir por si misma aquel modelo que se adapta mejor a sus necesidades. En ello se admite el valor del hombre, independientemente de su raza, religión, opinión política o comportamiento, bajo el compromiso por el respeto a las diferencias características de individuos, grupos y comunidades, el cual se desarrolla en una lucha consciente contra el propio racismo. Estas diferencias hacen alusión a las múltiples facetas características de la identidad sociocultural, la cual evoluciona y cambia a medida que pasan los años en el país de acogida.

 

Las experiencias ligadas a la trayectoria migratoria o al exilio político tienen efectos en el plano social, jurídico, económico y psicológico de la persona, deviniendo en crisis que reestructuran la propia imagen y los sentimientos de pertenencia. Es por ello que el reconocimiento del extranjero va mucho más allá de conocer su cultura de origen. Este es un proceso de interacción horizontal entre el inmigrante y el profesional.

 

En las interacciones interculturales, dos identidades se otorgan sentido mutuamente en contextos particulares. Estas son relaciones en la que subjetivamente, se interioriza la cultura del otro en función de su edad, sexo, estatus social y trayectoria personal; de manera que dicha concepción cultural es relativa y está condicionada por la relación con el individuo o colectivo con el que se interactúa. Siendo conscientes de ello, podemos reconocer que la diferencia es siempre con respecto a uno mismo.

 

Las diferencias en la relación entre el profesional y el inmigrante no son solo culturales. Se trata de una relación entre una cultura valorada, con una identidad amenazante, y otra desvalorizada con una identidad amenazada, en una dinámica de estrategias ofensivas y defensivas por ambos lados.

 

La psicología social describe esta dinámica de identidad basada en los estatus de poder entre los protagonistas de distintos grupos étnicos. Asimismo, en todo proceso de ayuda desarrollado en el marco de la acción social, psicoterapéutico o educativo, estas relaciones siempre están presentes.

 

Los conflictos entre pueblos diferentes a lo largo de la historia influyen en las relaciones interculturales aunque sus protagonistas nunca hayan estado implicados.

 

La eficacia en el trabajo de los profesionales no se logra reduciendo la acción social al simplismo de conocer la cultura del otro, ni tampoco al hecho de pertenecer a la misma etnia.

Si bien el conocimiento objetivo es importante, el contacto intercultural es más complejo. Este proceso de reconocimiento se desarrolla teniendo en cuenta tres factores clave, la cultura subjetiva y singular de cada persona, la interacción entre dos actores y las desigualdades sociales, económicas y políticas presentes en ambos.

 

La identidad del profesional se convierte en un obstáculo en el reconocimiento del otro cuando los filtros que distorsionan su trabajo, tales como prejuicios, estereotipos, valores, normas culturales, presupuestos e ideologías, originan malentendidos que interfieren en la relación intercultural. Están originados en percepciones unidimensionales, reductoras, destructoras o desvalorizantes y pueden hacer fracasar el proceso de ayuda.

 

Los modelos predominantes en las diferentes áreas de la vida de las sociedades modernas, muchas veces son percepciones opuestas a la concepción que tienen las culturas no occidentales sobre esos mismos temas. Estas son zonas sensibles, propensas a la incomprensión y al conflicto, pues en ellas no solo vemos diferencias sino que las rechazamos y las juzgamos como modelos que han caducado.

 

Estas confrontaciones con las diferencias culturales pueden hacer resurgir inhibiciones tales como aquello que es impensable en una cultura frente a la valoración por parte del otro, o los antiguos modelos que despiertan la angustia individual y colectiva debido a la fragilidad de las nuevas formas de funcionar y de percibir. Son estos arcaísmos los que pueden hacer sentir amenazado al profesional en su identidad, provocando de esta manera una violencia simbólica por su parte, basada en la descalificación y negación del sentido de pertenencia del sujeto al que se quiere ayudar.

 

Para superar estas dificultades se hace necesario el desarrollo de una actitud de acercamiento cultural que vaya más allá del saber objetivo sobre el otro. Ello requiere de un proceso dinámico y dialéctico que se desenvuelve a partir de tres pasos entrecruzados.

 

 

LA DESCENTRACIÓN:

DANZA DE LOS CONTINENTES 2 (Guillermo Maqueda)

Se trata de tomar distancia de nosotros mismos con el fin de percibirnos como portadores de culturas y de subculturas en las que se integran modelos profesionales y normas institucionales, las cuales forman parte de nuestra trayectoria personal. De manera que aprendamos a observar la relatividad de los puntos de vista surgidos de nuestra identidad social y cultural.

 

Es muy interesante observar como es a través del choque con las actitudes y comportamientos que nos resultan diferentes o extrañas, las cuales nos hacen de espejo,  que nos damos cuenta de nuestras propias normas y valores.

 

Para permitirnos los beneficios que nos aporta la descentración en el trabajo social, es de ayuda desconfiar de nuestras primeras impresiones y tomarlas como provisionales.

 

Para conocer al otro de manera transparente nos interesa hacer emerger las imágenes guía, aquellos valores implícitos que nos permiten descodificar y evaluar las situaciones. Hacer surgir los modelos relacionados con los roles masculinos y femeninos, la vida familiar y comunitaria, la educación, la religión y lo sagrado. Y otros valores menos conscientes como la comunicación, la concepción del tiempo y del espacio o la relación con el cuerpo.

 

También debemos reflexionar sobre las aparentes evidencias basadas en los modelos técnicos y científicos occidentales relacionados con el desarrollo social, la concepción del individuo, el control sobre la naturaleza, o el funcionamiento del cosmos.

 

Paradójicamente, la descentración nos lleva a conocernos y a situarnos mejor con respecto a los demás, lo cual nos permite adentrarnos eficazmente en el sistema del otro.

 

 

EL DESCUBRIMIENTO DEL SISTEMA DEL OTRO:

QUITO Y SUS ENCANTOS (Jorge Perugachi)

Esta apropiación cultural nos exige una actitud de apertura y esfuerzo por descubrir los referenciales que la otra persona interpreta e integra de manera singular. Se trata de hacer observaciones partiendo desde la perspectiva del otro, teniendo en cuenta las estrategias y códigos culturales que utiliza para crear su identidad.

 

Para ello, si bien hay que informarse sobre su cultura, ya sea a través de lecturas o de viajes con los que adentrarnos en la diversidad y en el exotismo, eso resulta insuficiente, pues, si queremos abrirnos a una verdadera empatía, debemos integrar la dimensión individual de sentido de la persona mediante el planteamiento de cuestiones más personales.

 

También es necesaria la escucha del discurso de la otra persona sin interpretarlo ni buscar causa alguna sobre su conducta. Asimismo, deberemos preguntar por el sentido y el valor de las palabras que el otro utiliza, pues muy probablemente los marcos de referencia lingüísticos y simbólicos no coincidan con los nuestros.

 

Más allá de las palabras, el ser humano se comunica a través de detalles a menudo inconscientes, más sutiles y significativos. Es por ello que nos conviene estar atentos al contexto de la comunicación, a las ropas, el simbolismo, el espacio desde el que el otro nos habla y, sobretodo,  a sus gestos y postura corporal.

 

Este descubrimiento requiere de tiempo para aprender y madurar de forma progresiva. Y sin embargo, seguirán surgiendo malentendidos que deberemos reconocer.

 

 

LA NEGOCIACIÓN Y LA MEDIACIÓN:

MÚSICA (Henri Matisse)

Estas forman parte de la resolución de conflictos entre los códigos culturales de la sociedad de acogida y las familias inmigrantes. El proceso de negociación nos ayuda a encontrar una salida a la compleja cuestión sobre los límites de tolerancia frente a comportamientos aceptados en una sociedad de origen concreta pero que para nosotros atentan contra nuestros principios educativos.

 

En la negociación se aseguran una serie de intercambios con el fin de llegar a un acuerdo cerrado, mientras que en la mediación se lleva a cabo una acción destinada a reconciliar a las personas. En ambos casos existe el compromiso de caminar para apaciguar o evitar el conflicto. De esta manera, en la acción social se evita la imposición de códigos dados por la violencia simbólica de la negación del otro o de la indiferencia. En los casos en que el otro no es tenido en cuenta, este puede reaccionar con resistencias o a través de una sumisión pasiva, que no favorece la resolución de los conflictos ni el proceso de ayuda.

 

Este compromiso común obliga a aclarar los límites que no deben ser traspasados por ninguno de los actores; la cual cosa provocaría la pérdida de identidad, la marginación por parte del grupo o el fracaso de la misión profesional.

 

Para que la negociación y la mediación puedan llevarse a cabo, deben darse tres condiciones previas. La primera se basa en el reconocimiento de que existe un conflicto de valores entre la familia inmigrante y la sociedad de acogida o el profesional, que no debemos confundir con malas conductas que se deban eliminar. Otra condición es la consideración del inmigrante y de su familia como iguales a nosotros, concediéndoles el poder que merecen y el respeto por su punto de vista. La tercera condición requiere de que la aproximación, como punto de partida, se lleve a cabo por ambas partes y de manera consciente.

 

La psicología social demuestra que los soportes institucionales pueden estimular el contacto entre grupos. Para ello, se debe facilitar la toma de conciencia de que los objetivos compartidos con los grupos extranjeros son alcanzables. Lo cual permite lograr una interdependencia, el reconocimiento de una posición de igualdad y una perspectiva de cooperación.

 

 

LOS PRINCIPIOS DE LA NEGOCIACIÓN:

CAMILA (Oswaldo Guayasamin)

Son muchas las ramas profesionales que han querido aproximarse a este tema y que se han planteado preguntas y dado respuestas en base al aprendizaje de la tolerancia y la coexistencia entre grupos y culturas diferentes.

 

La filosofía nos habla de la necesidad de relacionarnos asiduamente, escuchando los postulados y argumentos del otro de forma atenta y racional con el fin de comprender las posiciones de ambos. De manera que abramos nuestra mente hacia otras formas de racionalidad humana.

 

La psicología hace hincapié en la gestión de una sociedad culturalmente plural a través de la comunicación y el diálogo dentro de las instituciones, donde ambas partes puedan influenciarse y así construir conjuntamente realidades interpersonales satisfactorias. Los principios de esta coexistencia  pasarían por el examen racional de las diferentes perspectivas, el rechazo a las verdades definitivas propias o ajenas, permitirnos modificar mutuamente la representación de una misma realidad y adentrarnos en la creación conjunta de cultura.

 

El psicoanálisis se enfoca en el rol liberador del trabajador social como acompañante y mediador entre los jóvenes inmigrantes de segunda generación, los cuales se encuentran entre la tradición y la modernidad, y la sociedad que les rodea. Evitando así, los peligros de la violencia simbólica y acotando las distancias entre unos y otros.

 

La etnología, que es la ciencia que estudia las causas y razones de las costumbres y tradiciones de los pueblos, nos dice que cada cultura está formada por un núcleo específico y relativamente estable, oculto del espectador exterior,  y una zona fluida de alternativas que lo rodean y que se adaptan a las circunstancias. Este núcleo es la cultura base que mantiene la diferenciación entre sus miembros y los demás, e intentar transgredirlo atenta contra los fundamentos culturales, la coherencia y el sistema de sentido del colectivo, lo cual provoca la crítica y el rechazo por parte del grupo. Generalmente, el individuo inmigrante, procedente de una cultura concreta, e inmerso en la sociedad de acogida, mantendrá las especificidades culturales que considere significativas y que le permitan enfrentarse a su nueva situación. El profesional deberá tener en cuenta que si bien los modelos sociales son rígidos y persistentes, existe un amplio abanico de márgenes que permiten la adaptación, zonas en las que la negociación puede adentrarse y corregir la mecanicidad de los modelos culturales.

 

 

LOS LÍMITES DE LA APROXIMACIÓN INTERCULTURAL:

PATERA (Angel Zabala)

Para que un trabajo basado en el proceso de ayuda intercultural pueda resultar válido, es necesario observar los límites de la aproximación.

 

Estos pueden partir de un orden cultural, en los que la comprensión de los códigos culturales no solo es dificultosa sino que además la intervención profesional se realiza en situaciones de conflicto individual o familiar. Para hacer frente a ello, es conveniente apoyarse en los mediadores procedentes de las comunidades de origen, los cuales nos ayudarán descifrar las situaciones complejas y facilitarán la comunicación en ambos sentidos. De todos modos, hay que tener en cuenta que dichos mediadores también pueden encontrarse con dificultades en el entendimiento con sus paisanos, ya sea debido a las diferencias de clases sociales, de niveles de aculturación o de estrategias de integración.

 

Los límites también se originan desde las instituciones, las cuales han de esforzarse por reconocer las diferencias culturales si se desea desarrollar una aproximación intercultural de calidad. Esta evolución institucional, valorando también el trabajo de los profesionales, y cooperando con los mismos, es la que dará pie a una verdadera integración de los inmigrantes.

 

 

Edgar Zamora Malagón

(Artículo desarrollado partiendo del trabajo de Margalit Cohen – Émérique. Fundamentado en mi experiencia laboral en el Centro de Menores Extranjeros No Acompañados – MENA – ORIÓ de Tarragona, durante el año 2018. Y avalado por las Pruebas de Evaluación Continua de la asignatura de Educación Intercultural perteneciente al Grado de Educación Social de la Universitat Oberta de Catalunya).  

Denuncia sobre el estado del Parque de Mas Miquel de Valls (Tarragona)

Mas Miquel.
Patrimonio Vallense.
Fuente de Naturaleza.

Se nos llena la boca del amor por nuestra tierra pero dichas palabras no son coherentes con estas imágenes.

Lugar de cantos de pájaros que no escucharemos en cualquier otro punto de la localidad.
Entre flora peculiar, árboles más viejos que tu y que yo juntos.

Fuentes con agua de manantial reventadas.
Un estanque sucio que huele a pútrido.
Un vergel lleno de suciedad.
Una zona de picnic  inhabilitada.
Un guarda del parque que ya no está.

No deseamos mas parches en este jardín roto, que laven la cara del ayuntamiento para la foto.

Pedimos un proyecto íntegro y sostenible.
Que se mantenga en el tiempo, respetando la ecología del lugar.
Y que ponga de relieve la educación medioambiental como parte cultural de nuestro pueblo.

Sabemos que es posible y sabemos que en VALLS PODEM.

 

Edgar Zamora Malagón

 

EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DE LA EDUCACIÓN SOCIAL EN ESPAÑA

Antecedentes:

Los primeros antecedentes de la Educación Social se remontan a los criterios incorporados en las declaraciones por los derechos humanos surgidos de las Revoluciones Americana y Francesa. Ideas encarnadas en los movimientos anarquistas y socialistas que dirigieron las luchas obreras y las revueltas populares.

Intelectuales reformistas, en su papel de educadores o profesores, viajaron a Europa con la intención de contribuir pedagógicamente a la superación de la miseria interna y externa de sus ciudadanos. Buscaban el desarrollo de una mayor humanización de la sociedad, la transformación ética, cultural y política de los pueblos.

 

En 1947 surge en Francia el precedente del Educador Social, denominado Educador Especializado, se funda la Asociación Nacional de Educadores de Jóvenes Inadaptados (ANEJI) y un año después comienza a emprender acciones a nivel internacional en Europa y Norteamérica. Se pretendían paliar múltiples problemas causados por la industrialización, la segunda guerra mundial y el cierre de las casas paternales.

Alemania es otro país pionero de la Educación Social. En 1945 inauguran las primeras escuelas de Educación Especializada como respuesta a las problemáticas colectivas de la época.

 

Las etapas más conflictivas de la humanidad siempre han llevado al máximo apogeo de la acción social educativa. El progreso humano viene acompañado del aumento de la marginación y el abandono, especialmente en el caso de los infantes. Es por ello que en los últimos cuatro siglos, la Educación Social cobra especial importancia. La Europa de la postguerra, desolada, hundida en la miseria, con los valores en crisis y la delincuencia en aumento, resultó ser el espacio adecuado para el desarrollo de la profesión.

 

La diversidad de problemáticas que han llevado a la concepción de la Educación Social como tal, ha hecho que la figura profesional inherente a esta, se desarrolle en la polivalencia. El pensamiento pedagógico-social europeo, el del mundo anglosajón y el de la tradición francófona, permitieron suscribir el trabajo de acción social en parámetros educacionales, redefiniendo el discurso de control social y cuestionando las figuras representativas del mismo hasta entonces. Veamos algunas de las aportaciones de estas tres corrientes de pensamiento y acción llegadas a España a lo largo del siglo XX:

 

  • Corriente Alemana: Se trata de una línea teórico-filosófica que combina la idea de humanizar la educación en el marco de la vida comunitaria con la atención a los problemas de adaptación infantil y juvenil. Conforma el pensamiento universitario inicial sobre la pedagogía social y reivindica la relación dialéctica entre teoría y praxis.
  • Corriente Francófona: Es una práctica centrada en la resolución de problemáticas sociales concretas. Incide en el activismo pedagógico y en la democratización de la enseñanza. Sus aportes se proyectan en metodologías orientadas a actuar en grupos en situaciones marginales. Es una corriente impulsada por personas de las mismas comunidades en las que actúa.
  • Corriente Anglosajona: Es pragmática, empirista y cientifista. Sus intervenciones han sido paliativas o terapéuticas. Sus iniciativas se basan en servicios sociales y prestaciones en las que participan profesionales superiores formados en la universidad.

 

 Reconocimiento:

Los movimientos de renovación educativa, la iniciativa de colectivos y entidades sociales o el quehacer cotidiano de miles de profesionales nos permiten entender el progreso histórico de la Educación Social. Y es que se trata de una construcción histórica que elabora su propio entendimiento de la realidad gracias a los diversos actores que han intervenido en su profesionalización.

 

Gracias a la motivación por servir en la vida comunitaria y con la voluntad de agrandar los derechos humanos y las oportunidades educativas, se fueron ampliando los horizontes de la educación más allá de las aulas, desarrollando nuevos modos de educar. Desde el principio el propósito era el de abrir la educación a la comunidad, armonizar la formación de sus miembros y atender a las carencias y necesidades poblacionales, especialmente las de los niños y jóvenes, así como dar respuesta a las desigualdades, la pobreza y la exclusión.

 

La Educación Especializada surge en una etapa de cambios económicos, sociales y políticos, en los que la dimensión social de la educación cobra importancia y las comunidades deben afrontar el individualismo. Es un momento en el que se impulsan las democracias y el estado de bienestar, en el que se activa la conciencia de responsabilidad social ante los problemas de los ciudadanos.

 

El proceso de institucionalización se inició con acciones desarrolladas por agentes informales en barrios y comunidades, y con las iniciativas emprendidas por diversos colectivos. Por otro lado, fueron las administraciones locales las primeras en ocuparse de la formación de estos agentes.

 

A nivel internacional se iniciaban procesos de formación experimental de educadores especializados con el fin de que dicha educación fuese una realidad profesional. En España surgieron las primeras organizaciones y asociaciones en distintas comunidades autónomas españolas. Sus miembros, educadores, buscaban promover e intercambiar experiencias, así como fomentar el reconocimiento legal de la actividad.

Muchos de estos proyectos acabarían transformándose en colegios oficiales de educación social, los cuales perseguirían una jurisdicción social y laboral.

 

Se estaba trabajando en dos líneas paralelas y complementarias. El diseño de una formación específica y profesional y la construcción de una estructura asociativa que fomentara la conciencia del colectivo.

 

Pocas instituciones tenían claro que requerían de personal con un perfil profesional que todavía no existía. Sin embargo, sus trabajadores sentían la necesidad de formación, la cual resultó ser un factor clave para que la educación especializada pasara de ser una ocupación a una profesión.

 

En 1969 se crea el Centro de Formación de Educadores Especializados de Barcelona, el cual, años más tarde dirigiría la configuración de la figura del Educador Social.

Muchas instituciones y organizaciones participaron en la elaboración del proyecto CFEEB, siendo la Asociación de Padres de Subnormales del Hospitalet, el Instituto Genus y el Instituto de Reinserción Social, los que firmaron un contrato para su creación. Estas entidades compartían el objetivo común de formación de personal y acabaron convirtiéndose en el Consejo Directivo del centro.

El objetivo del CFEEB era el de responder a la necesidad formativa de los educadores sin limitar su acción a las personas residentes en Barcelona, asimismo pretendía prestar una formación que influyera y generase dinámicas y relaciones grupales.

 

La llegada de los ayuntamientos democráticos y de los servicios sociales de atención primaria permitió a los educadores tener experiencias de trabajo en plena calle. Dicha normalización democrática conllevó una importante demanda de educadores de manera rápida, lo cual supuso un crecimiento poco armónico de la profesión.

 

El momento social en el que todo esto se lleva a cabo se incluye dentro del tardo franquismo. Es por ello que algunas personas que hacían de educadores en aquella situación eran individuos comprometidos social y también políticamente.

El deseo de aquellos educadores era el de introducir un cambio en las instituciones establecidas o el de crear otras con estructuras originales. Sentían la necesidad de reflexionar sobre su trabajo y buscar caminos nuevos, huyendo de los discursos teóricos sin implicación práctica.

 

Los educadores que se estaban formando eran personas que ya estaban trabajando, así que su trabajo diario se convirtió en el eje central de la formación, que se desarrollaba quincenalmente en encuentros de fin de semana. Se hicieron grupos de análisis de la práctica educativa a partir de las observaciones llevadas a cabo en situaciones reales, grupos de sensibilización y otras dinámicas.

 

En paralelo se estaba desarrollando el Sector Teórico de la formación, donde se aprendía a valorar críticamente aspectos individuales y sociales, y el Sector Técnico, cuya finalidad era la de aprender técnicas útiles de diferentes niveles educativos.

 

Sobre el profesorado, pese a las dificultades iniciales para encontrar a personas que entendieran correctamente el tema, se consiguió reunir a un colectivo profesional adecuado. La participación de algunos era estrictamente de docencia formal, mientras que otros ejercían dinámicas formativas más complejas.

 

En la formación estaban presentes las ideas de participación y trabajo cooperativo, la corriente sociopedagógica, los movimientos de antipsiquiatría y la línea de la pedagogía de la libertad.

 

Aquel era un momento de renovación pedagógica y la gran mayoría de los estudiantes buscaban la renovación  social a través de la educación. Es por ello que a principios de los años setenta se dieron algunos conflictos importantes que si bien tomaron forma de conflicto laboral, escondían el choque entre planteamientos pedagógicos renovados y prácticas asilares de institución.

 

Los ámbitos en donde más se vieron los efectos de la formación fueron el de los disminuidos psíquicos, la salud mental y el de las personas con dificultades sociales.

 

Profesionalización:

El trabajo interno de los implicados, fruto de la Educación Especializada, la Animación Sociocultural y la Educación de Adultos, culmina con el reconocimiento universitario de la Educación Social y con la aparición de los Colegios Profesionales.

 

El Ministerio de Educación y Ciencia incorporó la titulación de Educación Social en 1991, y en 1996 se graduó la primera promoción de diplomados. Ese mismo año apareció el primer colegio oficial de Educadores Sociales en Cataluña, y en los siguientes años se fueron desarrollando más colegios en otras comunidades autónomas. En el año 2000 se crea la Asociación Estatal de Educadores Sociales, unificando todos los colegios y organizaciones a nivel nacional para trabajar conjuntamente en la construcción de la profesión y su representación en el estado y ante organismos internacionales de Educación Social. En 2002 se elabora un código ético y deontológico por parte de ASEDES con el fin de guiar las actuaciones de los profesionales, flexible y abierto a recibir aportaciones por parte de las comisiones, colegios y asociaciones que lo pongan en funcionamiento. La creación de una sociedad científica (SIPS) ha permitido dar continuidad a los logros más estimables de la Pedagogía y la Educación Social.

 

En dicha profesionalización debemos tener en cuenta que no solo participan los Profesionales o la Universidad, sino que el Estado, con sus políticas y servicios sociales y el Mercado, que ofrece ocupación, son actores con una importante presencia y responsabilidad en dicho campo. Asimismo, ninguno de los actores expuestos tendría razón de ser sin los Usuarios a los que se atiende.

 

Las funciones de la Educación Social han evolucionado con el fin de construir una identidad profesional adecuada al momento actual. La demanda de prestaciones sociales y educativas son cada vez mayores a causa de un mercado laboral flexible y serios problemas de pobreza, marginación y exclusión social. La Educación Social promueve una sociedad que eduque y una educación que socialice e integre.

 

Las situaciones de crisis que experimentan nuestras sociedades, generan entornos adversos, paradójicamente propicios para el desarrollo de la Pedagogía y Educación Sociales. La primera como ciencia teórico-práctica de los fenómenos socioeducativos y la segunda como práctica profesional que se compromete y actúa en y con ellos.

Ambas profesiones están integradas por dos colectivos que forman parte de un campo único. Los teóricos y los prácticos de la educación social se nutren recíprocamente de lo que nace en la teoría y de lo que emerge de la práctica. La primera sin la segunda se torna especulación vacía e inútil, mientras que la segunda sin la primera se convierte en acción cerrada, rutinaria y carente de vida. Es por ello que ambas profesiones se necesitan para crecer e innovar en el conocimiento teórico y práctico a la vez que para mejorar sus acciones.

 

La relación entre la academia y la profesión intenta ser cordial y colaborativa, sin embargo, ambas han seguido caminos divergentes y han experimentado momentos difíciles, es por ello que actualmente resulta necesario tender puentes entre la Universidad y los Profesionales de la Educación Social.

 

La formación universitaria podría haberse construido con una participación más activa de los colectivos profesionales. Sin embargo se generaron planes de estudio que adolecían de perspectivas prácticas y concretas, así como de materias sólidas, y recargaron de formatos excesivamente formalistas. Esto demostró que la aprobación del título no era suficiente para el reconocimiento profesional y la consecuente socialización de la profesión. De todas formas, si se hubiera pensado en un reconocimiento social que integrara los elementos de buenas prácticas, formación y remuneración adecuada sin pisar la universidad, se habría cometido una ingenuidad.

 

La futura aproximación del colectivo profesional dará unos resultados diferentes de los que hubiera dado si se hubiera hecho desde el comienzo. Será diferente por la gran cantidad de profesionales actuales surgidos a partir de la diplomatura universitaria que no han sido enriquecidos por la trayectoria que los profesionales habían generado, añadida a las aportaciones conceptuales de la elaboración universitaria.

Esta es una pérdida importante que se recuperará con el tiempo, cuando los profesionales se enfrenten con la realidad educativa y necesiten que las reflexiones para vencer estas dificultades sean enriquecidas por los análisis conceptuales que se pueden hacer desde la universidad.

 

La formación se haya ligada a la progresiva institucionalización de la profesión. Los primeros años, las universidades no disponían de suficiente profesorado formado en Educación Social. Eso generó un trasvase de personas que accedieron del mundo profesional al universitario. Este es un fenómeno que se sigue produciendo en la actualidad.

 

Los procesos de normalización de la profesión han conseguido que se haya pasado de un nicho de ocupación, prácticamente copado por las administraciones públicas a una situación de relativo equilibrio entre aquellas y el tercer sector. Sin embargo, aún quedan por explorar y desarrollar las posibilidades que puede brindar el sector empresarial, junto con el autoempleo y el emprendimiento. Esta podría ser una línea de futuro a explorar conjuntamente por académicos y profesionales, tanto en la formación como en la investigación.

 

Lo que se ha ganado en el proceso de profesionalización no se puede valorar en términos absolutos pero puede decirse que ha permitido que el colectivo de educadores sea extenso y tenga una estructura representativa. La extensión se ha producido por la creación de puestos de trabajo para educadores y por la salida anual de promociones de la universidad. La representatividad, en cambio, pide la participación activa de los educadores en su organización corporativa, considerando los riesgos de tipo social y profesional que ésta comporta, para que esté presente en la consecución de buenas prácticas, una formación y remuneración adecuadas, de acuerdo con las dificultades que el trabajo exige.

 

Al margen de la visión de la marginalidad existen otros enfoques con los que la profesión actúa, como la correcta socialización, la intervención educativa cerca de la inadaptación social, la formación social y política del individuo y la perspectiva educativa y no meramente asistencial del Educador Social.

 

A partir de ahora se ha de trabajar para consolidar la presencia de la Educación Social y desarrollar su gran potencial delante de las nuevas necesidades sociales.

 

BIBLIOGRAFIA:

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Habib, M. (2013). “Aproximación histórica a una de las profesiones sociales: la Educación Social”. A Revista Educación Social (RES), N. 17.

Ortega, J.; Caride, J.A.; Úcar, X. (2013). “La Pedagogía Social en la formación – profesionalización de los educadores y las educadoras sociales, o de cuando el pasado construye futuros”. A Revista Educación Social (RES). N. 17

Moyano S. Mangas. (2018) Educación Social. UOC

Saez J. Carreras. (2018). La reorganización conceptual del campo de conocimiento. UOC.

Vilar J. Martin. (2018). Comenzando una nueva etapa. UOC.

Vilar, J.; Planella, J. (2011). Fundamentos históricos de la educación social: una entrevista a Toni Julià. RES (revista de educación social) n. 12. EDUSO.