TRES RETOS QUE DEBE AFRONTAR LA EDUCACIÓN SOCIAL

1. LOS PROCESOS DE IDENTIDAD:

Algunos de los grandes interrogantes estructurales de la Educación Social nunca van a tener una respuesta concreta. En nuestra profesión es tan importante aprender a plantear preguntas como a generar respuestas adaptadas al momento. Se nos impone un proceso reflexivo para ejercer nuestras labores comprendiendo que las soluciones no tienen por qué ser objetivas ni definitivas.

Un aspecto muy importante en el desarrollo de nuestra identidad profesional es la búsqueda de equilibrio entre el encargo externo y la definición de las funciones propias del educador. Por lo tanto, si queremos adentrarnos en el sentido moral de la profesión e ir más allá de los procedimientos y estrategias, tenemos que preguntarnos de qué y ante quien somos responsables.

Puesto que buena parte de las dificultades que encontramos en el contexto educativo se basan en problemas cuya identificación y solución no son claras, nuestra mirada ha de ser amplia, bondadosa y estar ligada a una acción técnica con la que podernos adentrar en la dimensión política con firmeza.

Si bien el educador social debe ser un técnico eficaz, no debe olvidar el compromiso moral en el ejercicio de su actividad, puesto que la esencia de la profesión es la acción política en pro del bienestar social. Asimismo, dicho compromiso puede manifestarse a través del rigor técnico en las labores de cambio y promoción social.

La identificación de las características específicas de la profesión puede llevarse a cabo observando los aspectos generales, los ámbitos de acción y las instituciones concretas. Cada nivel expuesto construye guías de referencia, útiles en la resolución de conflictos.

Una vez hallamos nuestra identidad profesional, es necesario cooperar con otras profesiones debido a la complejidad de las problemáticas actuales. De esta manera se aparta del centro a la profesión para introducir en él a las personas y sus derechos.

En relación a este primer reto, podemos concluir que la esencia de la Educación Social está en unos valores básicos, en función de los cuales se establece una finalidad, que se halla en acciones desarrolladas honestamente.

 

2. LOS POSICIONAMIENTOS MORALES DESDE LOS QUE SE EJERCE LA PROFESIÓN:

La Educación Social debe tratar de manera explícita sus valores y deontología. La profesión evoluciona con la sociedad, así que su posición moral debe actualizarse constantemente.
Los educadores debemos comprometernos con la confianza en el progreso de las personas que se educan. Puesto que estamos implicados personalmente en dicha tarea no se nos puede sustituir con facilidad, ya que para obtener buenos resultados han de crearse vínculos imprescindibles.

Como educadores podemos experimentar graves situaciones de crisis que se originan en los conflictos de valor para los que quizás no dispongamos de los elementos que nos ayuden en su resolución. Algunas herramientas para la construcción de una auténtica ética aplicada pueden ser las guías de referencia y de buenas prácticas, los protocolos de gestión de conflictos, los comités de apoyo a los profesionales y de conducta de los mismos.

 

3. LA MEJORA DEL RIGOR EN EL EJERCICIO PROFESIONAL:

El diseño técnico asegura un mayor rigor en las actuaciones educativas. En el campo social existen variables que se identifican y se controlan, variables que se identifican pero no se controlan y variables que ni se identifican ni se controlan.

Debemos crear un equilibrio entre tecnología y creatividad. Se debe buscar un orden a través de la planificación sin olvidar la flexibilidad creativa cotidiana. El profesional de la acción social diseña desde la investigación y la acción, adaptando las propuestas a las diferentes realidades. Y lo hace desde una perspectiva crítica y reflexiva, donde lo descriptivo y lo interpretativo no se excluyen.

En relación al diseño y a la responsabilidad moral es necesario tener en cuenta que trabajamos en la comunidad para mejorar las posibilidades y las limitaciones de la educación. Asimismo, el éxito de las acciones educativas está ligado a la previsibilidad y a la anticipación de las consecuencias, junto al análisis de los riesgos que asumimos. El contexto educativo es un espacio de seguridad donde podemos correr el riesgo de equivocarnos sin sufrir las consecuencias del error, dado que como profesionales compensamos los aspectos deficitarios. Los educadores, si bien no controlamos todas las variables ni a las personas con las que trabajamos, debemos crear las condiciones para que los sujeto puedan realizar las acciones que se consideran adecuadas. El análisis del riesgo es una cuestión fundamental que debe desarrollarse en los próximos años.

La Educación Social también tiene como reto la especialización en los distintos ámbitos de acción, pues el conocimiento especializado permite la exactitud y la eficacia. Esto implica el desarrollo de una actitud de estudio e investigación por parte de los profesionales en nuestra actividad cotidiana, así como el abrirnos a compartir el conocimiento para que otros puedan estudiar e investigar y de ello devengan nuevos conocimientos. Asimismo, se hace imprescindible la estructuración de propuestas curriculares amplias y flexibles para cada ámbito de la Educación Social, con las cuales aumentar el rigor de la cultura profesional.

Sobre el perfeccionamiento en los diseños, cabe decir que es fundamental incorporar la planificación como un elemento de trabajo cotidiano que conecte los objetivos de la educación con las actuaciones específicas y los resultados esperados. Cada tipología de recurso debe adaptar el contenido de lo que trabaja y su metodología a sus particularidades. Todos los contextos educativos tienen un claro potencial pero en cada caso hay que buscar la propuesta educativa que se deriva de cada uno, así como las metodologías para obtener el máximo rendimiento. Las acciones educativas deben sistematizarse con necesaria flexibilidad según las posibilidades del contexto.

 

ARTÍCULO INSPIRADO EN:

Vilar J. Martin. (2018). Comenzando una nueva etapa. UOC.