EL CONCEPTO DE CULTURA Y ALGUNAS DE SUS CARACTERÍSTICAS:

En la actualidad, el concepto de cultura ha cobrado gran relevancia en el campo político, desde el que se pretende ofrecer solución a las problemáticas de un mundo en plena globalización, y en el que las relaciones crecen y con ellas la diversidad de identidades, las cuales son a la vez cambiantes y flexibles.

La tergiversación política del término, puede hacer resurgir el racismo y la discriminación bajo el amparo de las denominadas diferencias culturales. Esta afirmación de las diferencias es, en muchos casos, paradójicamente incentivada por los crecientes rasgos en común que tiene nuestra sociedad globalizada.

Si bien las culturas derivan de las disparidades entre individuos y grupos, la globalización comporta procesos de estandarización cultural, con los que surgen los nacionalismos separatistas. Es esta reivindicación de las diferencias lo que a día de hoy está dotando de mayor importancia al concepto de cultura.

Es por ello que se hace imprescindible comprender la inestabilidad de la cultura y lo cambiable que resulta. Asimismo, puesto que se puede convertir en una potente herramienta de manipulación con la que crear fronteras sociales, es conveniente observar en profundidad algunos de sus rasgos más característicos.

 

La cultura es un comportamiento que se aprende a través de los procesos de socialización, ya sea de manera cotidiana o a través de ritos o costumbres, que nos brinda la comprensión sobre cómo actuar según el contexto de la situación. Esta se construye a lo largo de generaciones y siempre está en transformación. Un ejemplo de este continuo cambio lo encontramos en el Hip Hop español, un movimiento artístico y social que forma parte de la cultura urbana del país.  Este, sin dejar de mantener siempre los mismos pilares, los cuales vienen a ser el rap, el breakdance, el turntablism y el grafiti, su representación ha ido transformándose a lo largo de los años, pareciendo en ocasiones, para ojos del desconocimiento, dinámicas totalmente diferentes a las del pasado, con alteraciones incluso en los valores generales que con ellas se transmiten.

La cultura también son las formas de percibir; creencias y perspectivas que dotan de significado la realidad que nos rodea. Una muestra de ello la encontramos en la sociedad moderna, en la que impera una visión materialista exacerbada, concibiendo la existencia únicamente como la vida en el plano físico.

Los símbolos se utilizan como transmisores de cultura. Si bien estos se asocian a elementos místicos o religiosos, su espectro es mucho más amplio, pues los utilizamos para referirnos a nuestra realidad. De hecho, el lenguaje articulado, el cual fue un importantísimo instrumento evolutivo, y que todos utilizamos para expresar ideas, no deja de ser un conjunto de símbolos.

El relativismo y la diferencia son parte intrínseca de la cultura, pues cada individuo tiene sus propias coordenadas culturales, independientemente del contexto social, creencias, valores y símbolos compartidos con el grupo, así como del conjunto de otros aspectos integrados en el entorno en el que encuentra. Es por ello que mi hermano y yo, si bien partimos de una misma base cultural, cada uno de nosotros observa el mundo con sus propios ojos y nos formulamos criterios diferentes sobre una misma realidad. Asimismo, esta diferenciación se ve amplificada con relación a mi vecina, de sesenta años, religiosa, actriz y millonaria. Esto nos enseña que, incluso compartiendo una misma cultura, podemos encontrarnos con una enorme heterogeneidad.

 

Como vemos, las particularidades y características de una cultura están vinculadas con el entorno social y político, y ésta se va modelando y adaptando según los acontecimientos que se dan en dichos ámbitos. Con todo ello, vemos que los discursos basados en la exclusión cultural, en cualquiera de sus formas, no disponen de fundamento sólido alguno, puesto que incluso el mismo concepto de cultura carece de estabilidad.

 

CUEVA DE LAS MANOS (Pintura Rupestre; río Pinturas, Santa Cruz – Argentina)

 

Edgar Zamora Malagón 

(Extracto adaptado del trabajo para la Prueba de Evaluación Continua de la asignatura “Educación Intercultural” de la UOC) 

EL PROCESO DE AYUDA INTERCULTURAL

El proceso de ayuda intercultural se fundamenta en el respeto a la persona, incluyendo su visión del mundo, su sistema de valores y necesidades. Para ello se requiere de una escucha comprensiva, basada en la aceptación y la transmisión de confianza en la relación. En esta acción no se intenta imponer modelo social alguno, más bien se le permite a la persona definir por si misma aquel modelo que se adapta mejor a sus necesidades. En ello se admite el valor del hombre, independientemente de su raza, religión, opinión política o comportamiento, bajo el compromiso por el respeto a las diferencias características de individuos, grupos y comunidades, el cual se desarrolla en una lucha consciente contra el propio racismo. Estas diferencias hacen alusión a las múltiples facetas características de la identidad sociocultural, la cual evoluciona y cambia a medida que pasan los años en el país de acogida.

 

Las experiencias ligadas a la trayectoria migratoria o al exilio político tienen efectos en el plano social, jurídico, económico y psicológico de la persona, deviniendo en crisis que reestructuran la propia imagen y los sentimientos de pertenencia. Es por ello que el reconocimiento del extranjero va mucho más allá de conocer su cultura de origen. Este es un proceso de interacción horizontal entre el inmigrante y el profesional.

 

En las interacciones interculturales, dos identidades se otorgan sentido mutuamente en contextos particulares. Estas son relaciones en la que subjetivamente, se interioriza la cultura del otro en función de su edad, sexo, estatus social y trayectoria personal; de manera que dicha concepción cultural es relativa y está condicionada por la relación con el individuo o colectivo con el que se interactúa. Siendo conscientes de ello, podemos reconocer que la diferencia es siempre con respecto a uno mismo.

 

Las diferencias en la relación entre el profesional y el inmigrante no son solo culturales. Se trata de una relación entre una cultura valorada, con una identidad amenazante, y otra desvalorizada con una identidad amenazada, en una dinámica de estrategias ofensivas y defensivas por ambos lados.

 

La psicología social describe esta dinámica de identidad basada en los estatus de poder entre los protagonistas de distintos grupos étnicos. Asimismo, en todo proceso de ayuda desarrollado en el marco de la acción social, psicoterapéutico o educativo, estas relaciones siempre están presentes.

 

Los conflictos entre pueblos diferentes a lo largo de la historia influyen en las relaciones interculturales aunque sus protagonistas nunca hayan estado implicados.

 

La eficacia en el trabajo de los profesionales no se logra reduciendo la acción social al simplismo de conocer la cultura del otro, ni tampoco al hecho de pertenecer a la misma etnia.

Si bien el conocimiento objetivo es importante, el contacto intercultural es más complejo. Este proceso de reconocimiento se desarrolla teniendo en cuenta tres factores clave, la cultura subjetiva y singular de cada persona, la interacción entre dos actores y las desigualdades sociales, económicas y políticas presentes en ambos.

 

La identidad del profesional se convierte en un obstáculo en el reconocimiento del otro cuando los filtros que distorsionan su trabajo, tales como prejuicios, estereotipos, valores, normas culturales, presupuestos e ideologías, originan malentendidos que interfieren en la relación intercultural. Están originados en percepciones unidimensionales, reductoras, destructoras o desvalorizantes y pueden hacer fracasar el proceso de ayuda.

 

Los modelos predominantes en las diferentes áreas de la vida de las sociedades modernas, muchas veces son percepciones opuestas a la concepción que tienen las culturas no occidentales sobre esos mismos temas. Estas son zonas sensibles, propensas a la incomprensión y al conflicto, pues en ellas no solo vemos diferencias sino que las rechazamos y las juzgamos como modelos que han caducado.

 

Estas confrontaciones con las diferencias culturales pueden hacer resurgir inhibiciones tales como aquello que es impensable en una cultura frente a la valoración por parte del otro, o los antiguos modelos que despiertan la angustia individual y colectiva debido a la fragilidad de las nuevas formas de funcionar y de percibir. Son estos arcaísmos los que pueden hacer sentir amenazado al profesional en su identidad, provocando de esta manera una violencia simbólica por su parte, basada en la descalificación y negación del sentido de pertenencia del sujeto al que se quiere ayudar.

 

Para superar estas dificultades se hace necesario el desarrollo de una actitud de acercamiento cultural que vaya más allá del saber objetivo sobre el otro. Ello requiere de un proceso dinámico y dialéctico que se desenvuelve a partir de tres pasos entrecruzados.

 

 

LA DESCENTRACIÓN:

DANZA DE LOS CONTINENTES 2 (Guillermo Maqueda)

Se trata de tomar distancia de nosotros mismos con el fin de percibirnos como portadores de culturas y de subculturas en las que se integran modelos profesionales y normas institucionales, las cuales forman parte de nuestra trayectoria personal. De manera que aprendamos a observar la relatividad de los puntos de vista surgidos de nuestra identidad social y cultural.

 

Es muy interesante observar como es a través del choque con las actitudes y comportamientos que nos resultan diferentes o extrañas, las cuales nos hacen de espejo,  que nos damos cuenta de nuestras propias normas y valores.

 

Para permitirnos los beneficios que nos aporta la descentración en el trabajo social, es de ayuda desconfiar de nuestras primeras impresiones y tomarlas como provisionales.

 

Para conocer al otro de manera transparente nos interesa hacer emerger las imágenes guía, aquellos valores implícitos que nos permiten descodificar y evaluar las situaciones. Hacer surgir los modelos relacionados con los roles masculinos y femeninos, la vida familiar y comunitaria, la educación, la religión y lo sagrado. Y otros valores menos conscientes como la comunicación, la concepción del tiempo y del espacio o la relación con el cuerpo.

 

También debemos reflexionar sobre las aparentes evidencias basadas en los modelos técnicos y científicos occidentales relacionados con el desarrollo social, la concepción del individuo, el control sobre la naturaleza, o el funcionamiento del cosmos.

 

Paradójicamente, la descentración nos lleva a conocernos y a situarnos mejor con respecto a los demás, lo cual nos permite adentrarnos eficazmente en el sistema del otro.

 

 

EL DESCUBRIMIENTO DEL SISTEMA DEL OTRO:

QUITO Y SUS ENCANTOS (Jorge Perugachi)

Esta apropiación cultural nos exige una actitud de apertura y esfuerzo por descubrir los referenciales que la otra persona interpreta e integra de manera singular. Se trata de hacer observaciones partiendo desde la perspectiva del otro, teniendo en cuenta las estrategias y códigos culturales que utiliza para crear su identidad.

 

Para ello, si bien hay que informarse sobre su cultura, ya sea a través de lecturas o de viajes con los que adentrarnos en la diversidad y en el exotismo, eso resulta insuficiente, pues, si queremos abrirnos a una verdadera empatía, debemos integrar la dimensión individual de sentido de la persona mediante el planteamiento de cuestiones más personales.

 

También es necesaria la escucha del discurso de la otra persona sin interpretarlo ni buscar causa alguna sobre su conducta. Asimismo, deberemos preguntar por el sentido y el valor de las palabras que el otro utiliza, pues muy probablemente los marcos de referencia lingüísticos y simbólicos no coincidan con los nuestros.

 

Más allá de las palabras, el ser humano se comunica a través de detalles a menudo inconscientes, más sutiles y significativos. Es por ello que nos conviene estar atentos al contexto de la comunicación, a las ropas, el simbolismo, el espacio desde el que el otro nos habla y, sobretodo,  a sus gestos y postura corporal.

 

Este descubrimiento requiere de tiempo para aprender y madurar de forma progresiva. Y sin embargo, seguirán surgiendo malentendidos que deberemos reconocer.

 

 

LA NEGOCIACIÓN Y LA MEDIACIÓN:

MÚSICA (Henri Matisse)

Estas forman parte de la resolución de conflictos entre los códigos culturales de la sociedad de acogida y las familias inmigrantes. El proceso de negociación nos ayuda a encontrar una salida a la compleja cuestión sobre los límites de tolerancia frente a comportamientos aceptados en una sociedad de origen concreta pero que para nosotros atentan contra nuestros principios educativos.

 

En la negociación se aseguran una serie de intercambios con el fin de llegar a un acuerdo cerrado, mientras que en la mediación se lleva a cabo una acción destinada a reconciliar a las personas. En ambos casos existe el compromiso de caminar para apaciguar o evitar el conflicto. De esta manera, en la acción social se evita la imposición de códigos dados por la violencia simbólica de la negación del otro o de la indiferencia. En los casos en que el otro no es tenido en cuenta, este puede reaccionar con resistencias o a través de una sumisión pasiva, que no favorece la resolución de los conflictos ni el proceso de ayuda.

 

Este compromiso común obliga a aclarar los límites que no deben ser traspasados por ninguno de los actores; la cual cosa provocaría la pérdida de identidad, la marginación por parte del grupo o el fracaso de la misión profesional.

 

Para que la negociación y la mediación puedan llevarse a cabo, deben darse tres condiciones previas. La primera se basa en el reconocimiento de que existe un conflicto de valores entre la familia inmigrante y la sociedad de acogida o el profesional, que no debemos confundir con malas conductas que se deban eliminar. Otra condición es la consideración del inmigrante y de su familia como iguales a nosotros, concediéndoles el poder que merecen y el respeto por su punto de vista. La tercera condición requiere de que la aproximación, como punto de partida, se lleve a cabo por ambas partes y de manera consciente.

 

La psicología social demuestra que los soportes institucionales pueden estimular el contacto entre grupos. Para ello, se debe facilitar la toma de conciencia de que los objetivos compartidos con los grupos extranjeros son alcanzables. Lo cual permite lograr una interdependencia, el reconocimiento de una posición de igualdad y una perspectiva de cooperación.

 

 

LOS PRINCIPIOS DE LA NEGOCIACIÓN:

CAMILA (Oswaldo Guayasamin)

Son muchas las ramas profesionales que han querido aproximarse a este tema y que se han planteado preguntas y dado respuestas en base al aprendizaje de la tolerancia y la coexistencia entre grupos y culturas diferentes.

 

La filosofía nos habla de la necesidad de relacionarnos asiduamente, escuchando los postulados y argumentos del otro de forma atenta y racional con el fin de comprender las posiciones de ambos. De manera que abramos nuestra mente hacia otras formas de racionalidad humana.

 

La psicología hace hincapié en la gestión de una sociedad culturalmente plural a través de la comunicación y el diálogo dentro de las instituciones, donde ambas partes puedan influenciarse y así construir conjuntamente realidades interpersonales satisfactorias. Los principios de esta coexistencia  pasarían por el examen racional de las diferentes perspectivas, el rechazo a las verdades definitivas propias o ajenas, permitirnos modificar mutuamente la representación de una misma realidad y adentrarnos en la creación conjunta de cultura.

 

El psicoanálisis se enfoca en el rol liberador del trabajador social como acompañante y mediador entre los jóvenes inmigrantes de segunda generación, los cuales se encuentran entre la tradición y la modernidad, y la sociedad que les rodea. Evitando así, los peligros de la violencia simbólica y acotando las distancias entre unos y otros.

 

La etnología, que es la ciencia que estudia las causas y razones de las costumbres y tradiciones de los pueblos, nos dice que cada cultura está formada por un núcleo específico y relativamente estable, oculto del espectador exterior,  y una zona fluida de alternativas que lo rodean y que se adaptan a las circunstancias. Este núcleo es la cultura base que mantiene la diferenciación entre sus miembros y los demás, e intentar transgredirlo atenta contra los fundamentos culturales, la coherencia y el sistema de sentido del colectivo, lo cual provoca la crítica y el rechazo por parte del grupo. Generalmente, el individuo inmigrante, procedente de una cultura concreta, e inmerso en la sociedad de acogida, mantendrá las especificidades culturales que considere significativas y que le permitan enfrentarse a su nueva situación. El profesional deberá tener en cuenta que si bien los modelos sociales son rígidos y persistentes, existe un amplio abanico de márgenes que permiten la adaptación, zonas en las que la negociación puede adentrarse y corregir la mecanicidad de los modelos culturales.

 

 

LOS LÍMITES DE LA APROXIMACIÓN INTERCULTURAL:

PATERA (Angel Zabala)

Para que un trabajo basado en el proceso de ayuda intercultural pueda resultar válido, es necesario observar los límites de la aproximación.

 

Estos pueden partir de un orden cultural, en los que la comprensión de los códigos culturales no solo es dificultosa sino que además la intervención profesional se realiza en situaciones de conflicto individual o familiar. Para hacer frente a ello, es conveniente apoyarse en los mediadores procedentes de las comunidades de origen, los cuales nos ayudarán descifrar las situaciones complejas y facilitarán la comunicación en ambos sentidos. De todos modos, hay que tener en cuenta que dichos mediadores también pueden encontrarse con dificultades en el entendimiento con sus paisanos, ya sea debido a las diferencias de clases sociales, de niveles de aculturación o de estrategias de integración.

 

Los límites también se originan desde las instituciones, las cuales han de esforzarse por reconocer las diferencias culturales si se desea desarrollar una aproximación intercultural de calidad. Esta evolución institucional, valorando también el trabajo de los profesionales, y cooperando con los mismos, es la que dará pie a una verdadera integración de los inmigrantes.

 

 

Edgar Zamora Malagón

(Artículo desarrollado partiendo del trabajo de Margalit Cohen – Émérique. Fundamentado en mi experiencia laboral en el Centro de Menores Extranjeros No Acompañados – MENA – ORIÓ de Tarragona, durante el año 2018. Y avalado por las Pruebas de Evaluación Continua de la asignatura de Educación Intercultural perteneciente al Grado de Educación Social de la Universitat Oberta de Catalunya).