NAHIA (Capítulo XI)

A Zineb le amputaron el brazo. El campamento no disponía de los recursos necesarios para salvarle la extremidad. El rostro de Drem, rajado por las garras de la que una vez fue su madre, estaba cicatrizando.

 

En aquel lugar no había un solo Pershambal que no estuviera infectado, ni tampoco nadie que hubiera descubierto una cura. Cabe destacar que si la manada había llegado a contar con unos trescientos integrantes en época de paz, ahora, a lo sumo quedaban poco más de sesenta individuos que todavía no habían perdido la chaveta.

 

El ambiente era tenso, tosco y oscuro. Casi a diario alguien sufría una crisis violenta, motivo para llevar a ese ser sufriente a un foso común, profundo y rodeado de una savia viscosa y resbaladiza de la que no pudiera salir. Ese crudo acto, decidido en consenso por los pocos ancianos que todavía quedaban con vida, empezaba a provocar importantes conflictos morales en el grupo. Nadie deseaba ver como a su esposa, a su hermano o a un hijo se le trataba como a un monstruo recluido, cuya muerte iba a ser temprana y segura. Sin embargo, ninguno veía otra solución menos drástica; de la misma manera que la esperanza en un antídoto impedía a los miembros del campamento acabar con la vida de los casos más graves.

 

Drem, de bien seguro se habría marchado junto a su hermana de aquel campo de concentración dirigido por la muerte, si no fuera porque ninguno de los dos estaba ya en condiciones de sobrevivir por su propia cuenta. Allí, el miedo era compartido, y al menos tenían comida y cobijo.

 

Gracias a los endemoniados del agujero, el grupo descubrió que a medida que la enfermedad avanzaba, la pérdida de coordinación física se iba reduciendo, y si bien los cuerpos quedaban desgarbados, se corrompía la personalidad y las habilidades psíquicas se atrofiaban, la fuerza y la rapidez aumentaban. Asimismo, estos no se mataban entre sí, pues parecía que se olían, y de alguna manera perdían el apetito por la carne de otro diablo.

 

Desgraciadamente, el grupo era cada vez menos capaz de controlar los brotes de agresión y comenzaron a producirse los primeros casos de canibalismo. Ya nadie estaba seguro, cada uno de ellos era un peligro potencial para los demás. Pero realmente el pánico y el caos se desataron cuando varios de los cazadores infectos, atraídos por el olor a sangre fresca, encontraron el campamento y comenzaron a golpearse contra las murallas de roca, madera y barro que los supervivientes habían erigido para evitar lo que estaba a punto de suceder.

 

Los adultos de mayor fuerza y salud, incluyendo tanto machos como hembras, se prepararon para defender a cachorros, ancianos y embarazadas. En esos instantes, el grupo en su totalidad demostró el valor, la serenidad y la camaradería por la que era conocida la raza de los Pershambals. Por honor y orgullo no expresarían que en su interior realmente estaban sintiendo un profundo pesar, pues iban a enfrentarse a muerte con los que un día fueron sus propios hermanos.

 

Uno de los monstruos, empotrándose una y otra vez en una brecha, con total indiferencia por destrozar su cuerpo, consiguió derruir parte de la pared; así comenzaron a entrar con premura en el campamento.

 

Pese a la vorágine, a los rugidos de rabia y de dolor de unos y de otros, a los lloros de los más pequeños y a la confusión generalizada, los protegidos, en su mayoría, consiguieron salir de allí. Ojalá los defensores hubieran podido retener a todos los demonios, pero no fue así.

 

Drem estaba decidido a salvar la vida de su hermana, por lo que la agarró con firmeza consciente de su fragilidad, y tiró de ella apresurándose hacia cualquier otro lugar seguro sin siquiera darse la vuelta, a sabiendas de que los monstruos ya estaban devorando a los que iban detrás suyo.

 

 

Edgar Zamora Malagón

COPYRIGHT (Todos los derechos reservados)

 

 

2. SOLTAR LASTRE

Un Curso De Milagros habla de la noche oscura del alma. Una noche que puede alargarse mucho en el tiempo.

Llega un momento para un estudiante en que el dominio del ego debe ser resquebrajado por completo. Cuando todo le parece ir bien al personaje, y sucede algo que pone de relieve las expectativas de futuro y la falta de aceptación y gozo del momento presente; al estudiante solo le queda darse cuenta del teatro. La culpa, el miedo, el odio, no pueden justificarse ya, pero parecen estar ahí y las situaciones se encargan de que salgan totalmente a la luz.

Estás agotado, ya no puedes más, cargas un lastre que sientes tan pesado… que solo puedes soltar.

Que le den al éxito del mundo, a mejorar para ser aceptado, que le den a ver separación, agonía y tristeza, y al hacer de ello algo real.

Perdón, perdón desinteresado, perdón sin justificación, perdón total, universal, a ti y a mí, al pasado y al mañana;  al tiempo y al espacio. Perdón al asesino y perdón al violador, perdón al insulto y al alago, perdón a la guerra, perdón al amor y al odio especial, perdón a la víctima y al verdugo.

Perdón y gracias porque no tengo que ser alguien, porque te quiero sin necesidad de que me quieras tú también, porque acepto sin resignarme. Gracias porque ahora solo contemplo a un Maestro y no es del mundo.

La vida que muere no puede ser vida. El bien cuando hay mal no puede ser bien. Si hay vida, solo hay vida. Si hay bien, solo hay bien. Así es en la eternidad, y así decido ver. Si no hay risa, si no hay paz, si no hay alegría y amor infinito, no se están entendiendo las enseñanzas.

Edgar Zamora Malagón

 

OLIVOS ( Vincent van Gogh)