CATALOGACIÓN DE GRUPOS Y EXCLUSIÓN SOCIAL

El análisis de los grupos de personas catalogadas según su origen cultural, en muchas ocasiones lleva a la estigmatización y marginación de aquellos que quedan fuera de la cultura dominante.  A través de este enfoque se construyen diferencias en base a rasgos de conducta que acaban por convertirse en motivos de segregación social que imposibilitan la convivencia. Casualmente, aquellos partidarios de la diferenciación cultural suelen hacer coincidir las fronteras relativas a hábitos y costumbres con una pigmentación de la piel diferente.

 

Este particularismo cultural termina estancando la realidad de las víctimas de la exclusión y apagando la llama de la comunicación y el entendimiento interculturales.

 

Dicha exclusión no tendría lugar sin una construcción de la identidad que señala un nosotros y consecuentemente un ellos. Pues esto es lo que hace que a determinados grupos se les niegue la pertenencia, y que independientemente de que a nivel legal se incluyan en el sistema social, acaben constituyendo el antimodelo de aquellos que han establecido la distancia.

 

A los grupos periféricos, si bien se les permite contribuir al bienestar general a través de su empleo y participación en otros sectores de la vida, no se les reconoce prestigio alguno ni poder legítimo, de manera que se les invalida a la hora de actuar, decidir o evaluar por sí mismos.

 

Actualmente es muy necesario que nos descentremos de nosotros mismos, puesto que la sociedad moderna es la que crea mayores construcciones categóricas que no solo fomentan la discriminación y la exclusión social, sino que además dispone de medios para convencer de su lógica y materializar dichas ideas.

MANIFESTACIÓN (Antonio Berni)

 

Edgar Zamora Malagón

(Respuesta adaptada sobre una de las cuestiones pertenecientes a las Pruebas de Evaluación Continua de la asignatura “Educación Intercultural” de la UOC) 

FUNDAMENTALISMO CULTURAL APLICADO AL COLECTIVO GITANO

Ciertamente el colectivo gitano ha sido víctima del racismo, ahora racionalizado y convertido en fundamentalismo cultural, durante muchas generaciones. Siendo algo muy evidente en la actualidad y que se ha llamado “antigitanismo” por algunos críticos de esta poderosa arma vejatoria cargada de ignorancia.

 

Muchos representantes políticos y medios de comunicación influyentes en la sociedad moderna occidental, creyendo disponer de cierta supremacía cultural edificada sobre la noción nacionalista de exclusivismo cultural, fomentan la exclusión y su consecuente segregación ciudadana.

 

De esta manera, el poderoso liberalismo, dirigente de masas, se pronuncia en contra de aquellas culturas a las cuales generaliza y solidifica, por no adaptarse y asimilarse a la suya propia. Y habla en nombre de una sociedad que desearía percibir con uniformidad pero que para su lamentación, resulta cuanto menos heterogénea.

 

Los individuos pertenecientes al colectivo gitano no se quedan fuera de los prejuicios y estereotipos con los que se clasifica a las minorías sobre su aspecto, clase social i educación. Todo ello juzgado desde unos referentes culturales xenófobos y clasistas que atraviesan muchas miradas, generalmente inconscientes de ello.

 

En muchas ocasiones, la sociedad, los profesionales, instituciones y  empresas se amparan erróneamente en el concepto de libertad de expresión para pasar por encima de la ética, tirando por los suelos y machacando la dignidad de las personas. De manera que, tanto el factor humano, como la profesionalidad y el código deontológico de esas acciones o actividades laborales, quedan anulados por su misma mala praxis.

 

Cabe destacar que hay ciertos límites recogidos en la Constitución en base a la propia libertad de expresión, tales como el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen, que continuamente se ignoran o se muestra indiferencia hacia los mismos, la cual cosa juega en contra del avance social.

 

Veamos este mismo patrón reflejado en un caso que he podido ver de cerca:

 

Miguel era uno de mis compañeros de trabajo hace un par de años, con el cual me llevaba realmente bien. Gitano, con unos rasgos físicos muy marcados y un habla típica de la etnia; se le identificaba a leguas como tal. Sinceramente, a pesar de los tópicos, creo que era uno de los mejores trabajadores de aquella empresa. Llevaba cuatro años allí, había perfeccionado hasta tal punto la realización de sus labores, que todo cuanto hacía parecía fácil, hasta que te tocaba a ti llevar a cabo ese mismo trabajo. Asimismo, era una persona amable, respetuosa y sabía enseñar, aunque no le pagaban por ello. Era sordo de un oído, tenía tres hijos, uno con discapacidad psicomotriz, y estaba casado con una paya a la que amaba y respetaba profundamente. Miguel, esperaba que tras la finalización de su contrato con la ETT, la cual había intermediado con la empresa durante esos cuatro largos años trabajando de noche, sin vacaciones ni pagas extra y cumpliendo por encima de sus responsabilidades, le hicieran por fin de empresa. Pero no fue así, pese a las promesas hasta el último día por parte de su encargado, al finalizar dicho contrato se quedó en el paro. Sin embargo, muchos habíamos sido testigos de la entrada directa de personal, generalmente sin especialización y sin experiencia, contratado por la empresa; que tras seis meses de prueba hacían fijos, como habría sido mi caso si no me hubiera marchado de aquel lugar que no era para mí, pero que sin embargo Miguel amaba. Si bien es cierto que a diario tenía que aguantar comentarios y bromas basadas en generalizaciones sobre los gitanos, muchas con poco humor y no buena intención por parte de otros compañeros, en ningún momento se le hizo referencia a su origen cultural cuando le dieron la patada. De todas formas, no encuentro otro motivo, sino el antigitanismo, por el cual fuera tratado como un juguete, desvalorizado, engañado y echado sin aprecio alguno por su dignidad personal y la integridad de su familia.

 

Este es un ejemplo concreto de fundamentalismo cultural en las empresas e instituciones. Sin embargo, dicho caso, si fuera denunciado, tiene muy pocas posibilidades de ser tomado en consideración por un tribunal, al menos para Miguel, el cual piensa que por el hecho de ser gitano, sus derechos fundamentales tienen menos valor para un juez que los de cualquier otra persona perteneciente a la cultura y a la raza dominante, y tristemente es probable que tenga razón.

GITANOS (Rafael Estrany)

 

Edgar Zamora Malagón

(Respuesta adaptada sobre una de las cuestiones pertenecientes a las Pruebas de Evaluación Continua de la asignatura “Educación Intercultural” de la UOC)